jueves, 11 de junio de 2009

Amigos

En el camino perdí una amiga. Una amiga con título de amiga, de esas que son amigas porque el tiempo y la vida lo ha dispuesto así, aunque muchas veces no lo sientas como tal. Pero los títulos es lo que tienen, que una vez conseguidos, se enmarcan, se cuelgan y ahí se quedan para siempre.
Pero esta vez no me vale de nada el título, en mi corazón siento que perdí una amiga. Y lo más triste de todo es que me da igual. Y cuando digo que me da igual lo digo sinceramente. La perdí, ya no la quiero y no haré nada por recuperarla. Y aquí no hay cabida para el rencor, ni para la rabia, ni para ningún sentimiento parecido.

Cuando estuve tan mal realmente no necesitaba nada más que a los médicos, a mis padres, a mi hermano, a mi marido y saber que mis hijos estaban bien, también necesitaba las llamadas diarias de Elena y agradecí de todo corazón su viaje relámpago hasta la UCI para estar conmigo. Por entonces no necesitaba más. Eso no quiere decir que no apreciara enormemente las muestras de cariño del resto de mi familia, amigos y compañeros. Sé que en los momentos más difíciles Pepe necesitó a sus amigos llenando las salas de espera de Quirón, sé que le acompañaron y le quisieron, le consolaron, le dieron ánimos y le abrazaron mientras yo luchaba por sobrevivir.

Pero yo estuve mucho tiempo en otra dimensión, yo no necesité nada de eso, al contrario, a mí me molestaba todo lo que no fuera un analgésico en vena o la presencia de mi familia. Fue pasados unos meses cuando empecé a necesitar otras cosas, y fue entonces cuando perdí a mi amiga (la del título). Ha pasado un año y medio desde entonces y no he tenido ni una llamada hasta hace poco. Le dije que resumir un año y medio de avatares en unos minutos me resultaba un poco complicado, las palabras se me convertían en hielo cuando salían de mi boca y el corazón se endurecía con cada latido. Lo más triste es que no siento pena. Lo más triste es que me da igual. Lo más triste es que no tengo ganas de más, ni de recuperar nada ... ni ganas de entenderla.

Sé que hay gente que no soporta los hospitales, ni las enfermedades, ni las desgracias ajenas. Sé que hay gente que sólo está para lo bueno, lo malo es incómodo. Lo respeto.

Ahora miro para delante. Y pienso en mis nuevos amigos. En gente que me ha dado tantas cosas. En la gente que me quiere. Y no voy a escribir nombres, porque ellos sabes quienes son. Gracias por estar ahí. Especialmente a tí, que nunca dejarás que me pase nada malo mientras estés cerca. Gracias.

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