sábado, 22 de agosto de 2009

FinAndTheEnd

Lo dejo. Este blog ha llegado a su fin. Ya no tengo nada más que decir.
Hoy no ha sido (está siendo) un buen día. Hoy he llorado, primero hacia dentro, pero más tarde hacia afuera. Cuando lloro me duele la cabeza y me siento muy cansada. En estos momentos Catalina celebra su noveno cumpleaños en una fiesta improvisada llena de niños felices. Y yo no puedo. No puedo y no quiero. Aquí acaba ésto. No acaba por nada en concreto. Llevaba acabando hace tiempo, pero hoy le pongo fecha, porque es el cumple de Catalina y así podré acordarme en caso de que algún día quiera acordarme.
Ya no tengo ganas de muchas cosas, y una de ellas es de seguir con este blog. No sé exactamente él porqué, pero siento la necesidad de dejarlo. No me apetece compartir ya con nadie todo lo que me está pasando. Pensaba dejarlo al final del verano, porque me parecía chulo diluir mis palabras en los últimos días de sol y olas, justo como cuando lo empecé hace un año, pero no, lo hago hoy y bruscamente, porque sí, porque ya no tengo ganas de seguir con esto.

Me ha gustado escibir este blog.
Y quiero dar las gracias a todos los que lo habéis leído, porque os ha apetecido. Gracias a los que, sin conocerme, me habéis mandado esos mensajes tan bonitos, a los que, conociéndome, me habéis animado y seguido. Me encanta dar las gracias, en realidad lo que me encanta es tener motivos para dar las gracias, y los tengo. A través del blog me he sentido comprendida y querida por mucha gente. Suena tan tópico todo, es tan tópico todo. Pero es así, y hoy no tengo fuerzas para intentar contarlo de otra manera. Hoy no tengo desarrollado mi lado alternativo. Hoy todo me da igual, especialmente escribir de una manera u otra. Así que ¡ole pr los tópicos!.
Las críticas, que también las he tenido, me dan igual, no he escrito aquí ni para ser alabada ni para ser criticada. He escrito porque sí. Desde el corazón. Dije que no corregiría mis palabras y no las he corregido. Lo que sale del corazón no se corrige. Dije lo que sentía en cada momento, sin intención de molestar a nadie, si lo he hecho ... no lo siento.

Me hace feliz el poder calificar de amigos a algunas de aquellas personas que han llegado a mi vida a través de este blog. Nunca pensé que las palabras pudieran unir tanto. Sólo deseo que esas personas sigan junto a mí, de una manera u otra.
Lo dejo, pero sigo estando. Seguiré en otro sitio. No sé donde, pero seguiré.
Siempre podréis llegar a mí en martamaine@hotmail.com
Y acabo con un tópico y manido ¡Hasta siempre!


Sabía que no me iría muy lejos http://www.azulprofundo-martamaine.blogspot.com/

jueves, 20 de agosto de 2009

Música, tristeza y montañas

Estoy triste. Por nada en concreto, por todo en general. Tengo motivos para estar alegre y feliz, reconozco los motivos como tales motivos generadores de felicidad, agradezco a las fuerzas del universo el haber sido elegida como destinataria de esos motivos en concreto, lo aprecio en su justa medida y trato de disfrutar de sus consecuencias. Hasta ahí todo fenomenal. Pero hay ciertos días en los que me acompaña una especie de tristeza, ligera pero constante, leve pero pegajosa, y hoy ha sido uno de esos días. No ha tenido la culpa el chirimiri, porque ya dije que me da igual que llueva o haga sol. Creo que ya superé la etapa de 'me deprimen los día grises y lluviosos', aunque tengo que reconocer que la energía solar me ayuda a seguir hacia delante. La culpa no ha sido de nada, ni por supuesto de nadie, ni siquiera mía. Tengo dos enfermedades crónicas, una se llama trombocitosis esencial y la otra se llama tristeza flotante. Creo que la causa de ámbas reside en un trastorno genético. No tienen cura. Se alvian pero no se curan.
Hoy no he hecho nada de nada. Sólo he ido al aeropuerto y he vuelto del aeropuerto. Iba a ir a la playa, pero como se ha puesto a llover ... Hoy he pasado todo el día recopilando música, ordenando música, cargando el ipod de Bruno, que a partir de ahora hará las funciones de ipod de Marta, he creado listas de reproducción con los consejos de mis amigos, esos que saben tanto de música, y de mi hermano, ese que sabe tanto de música, yo no sé de música, pero como me junto a ellos, absorvo sus conocimientos y disfruto de la buena música, poco a poco voy aprendiendo. Gracias, Antonio, Santi y Rubén. Gracias por descubrirme esas maravillosas canciones, algunas de las cuáles ponen los pelos de punta. Si no fuera por vosotros seguiría el resto de mi vida escuhando a Wilco una y otra vez.
El otro día se murió mi ipod. Es el segundo ipod que se me muere. RIP. Creo que fue un golpe de calor. RIP. Estaba en Menorca, en la piscina, escuchando Interpol, y de repente se hizo el silencio. RIP.
Tomando un café y leyendo un periódico atrasado me entero de que dan por concluídas la labores de rescate del alpinista español herido en el Anapurna. ¿Eso significa que ese pobre chico va a morir lentamente allí dónde esté y que no se puede hacer nada por ayudarle?. Pues sí, eso es lo que significa. RIP. Qué triste. Pero que le vamos a hacer, si no se puede no se puede. RIP. Nadie le mandó subir hasta dónde demonios subiera. No quiero ser desagradable, y que conste que me da muchísima pena que alguien tenga que morir de esa manera, pero es que no entiendo a esta gente, bueno tampoco quiero ni necesito entenderles, cada uno que se dedique a lo que quiera y que se divierta como pueda, pero lo que sí me importa y quiero entender es por qué se tienen que gastar esas cantidades de dinero que se gastan en las complicadas labores de rescate de esta gente que pone en peligro su vida porque sí. Arriesgan su vida voluntariamente y para nada que vaya a suponer un avance para la humanidad, porque a mí que lleguen a cimas elevadas y bajen con los pies congelados me importa más bien poco, y su satisfacción personal les sirve solo a ellos. Pienso que ese dinero que se gasta en esos rescates se podría gastar en costear algún carísimo tratamiento médico para un enfermo de vetetuasaberqué, por ejemplo, que ese sí que no ha elegido voluntariamente que un tumor maligno invada su cuerpo, o que un órgano vital deje de hacer sus funciones, y que de la noche a la mañana su vida da un vuelco y sin haberlo planeado tiene que empezar una aventura muchísimo más dura que la de subir al Anapurna. No sé. La verdad es que no sé nada. Y espero que el alpinista Oscar Pérez muera lo antes posible, porque es terrible tener que morir así. El caso es que no me puedo quitar su imagen de mi cabeza, y eso alimenta un poco a la gran nube gris que planea hoy sobre ella, pero yo sigo con mi música. .
Y hago una lista de reproducción para Bruno, porque como ahora compartimos ipod ..., y mientras escribo, le oigo cantar en la cama y a voz en grito "La Chica de Ayer"; un año antes de morir Antonio Vega, cuando tenía cinco años, ya la cantaba. La cantaba mientras yo le miraba embobada. Igual de embobada que escucho a Catalina cantar "Un Buen Día" de Los Planetas, o "El club de Fans de John Boy". Y es que mis hijos nacieron escuchando música. Buena música.
Contra la tristeza practico la sonrisa y miro a mis hijos. Ahora voy a dormir, estoy cansada, hoy he sonreído mucho.

Lo pequeño está de moda

Volví, pero me fuí de nuevo. Pero eso es lo de menos, porque parece que estoy, porque además de sonreir constantemente incluso interactúo, así que es como si estuviese, aunque en realidad no estoy.
Me refugio en un mundo donde los días pasan lentamente, donde la música que suena me gusta, donde nadie me pide nada, donde no pido nada a nadie, donde todo da igual, donde nada es lo que parece, donde el agua está fría pero no helada, donde el sol brilla pero no quema, donde el viento acaricia sin molestar, donde el horizonte está tan cerca que da igual lo que pase pasado mañana. En este mundo todo es pequeño, aunque todo parece grande. Es un mundo de pequeñas cosas y pequeños países, que son más fáciles de visitar. Decía el otro día mi hermano en su columna de opinión del periódico que está de moda lo pequeño, así que yo estoy a la moda. Aunque opinaba por opinar, porque eso de las columnas de opinión, ya ves, a quién le importa lo que opine mi hermano, que además pasa millas de opinar, pero que se gana la vida como mejor puede, aunque dice que él no quería ser periodista, sino quiosquero, siempre quiso ser quiosquero del quiosco de Puertochico, pero mi padre no le entendió muy bien y le compró un billete de tren para Madrid, para que se matriculara en la Facultad de Periodismo, y él pensó, vale, cuando acabe la carrera me monto el quiosco, pero mira tú por dónde, así como sin quererlo, escribe y escribe sin parar, y encima tiene que opinar. No es lo mismo escibir periódicos que vender periódicos. Cuando escribes periódicos, a vece tienes que opinar. Bueno pues no sé si lo pequeño está de moda, pero yo por si acaso, y como soy muy fashion (no es verdad) vivo a lo pequeño. Conduzco un mini. Escucho un ipod nano (mi regular ipod está enfermo, como yo).
Uso minibikinis. En el hospital me pinchan con miniagujas. Tengo una bici que cuando la doblas en todas sus posibilidades cabe en el maletero de mi mini. Me gustan los cortos (por cierto, gran corto Express de Daniel Sánchez Arévalo) e intento utilizar Twitter como manera de expresarme con pocas palabras, pero Twitter se me resiste, no consigo hacerme con Twitter.
Mis problemas son pequeños. Mis expectativas son pequeñas. Mis ilusiones son pequeñas. Mis proyectos son pequeños. Mi corazón se va haciendo pequeño, así es más fácil de manejar. Mis hijos son pequeños. Mis planes son pequeños pero mis miedos son grandes. Y además crecen, y eso que les tengo prohibido tomar leche, cerales, yogures enriquecidos, fruta y legumbres, porque es lo que les doy a mis hijos y veo que es buenísimo para crecer, porque además crecen fuertes y guapos. Por eso no alimento a mis miedos, pero debe de ser que se buscan la vida para sobrevivir, y no sólo sobreviven, sino que además crecen. Pero como ahora está de moda lo pequeño, e incluso la maleta que estoy preparando es muy pequeña, porque no la voy a facturar (es más cómodo), los miedos no me van a caber, así que tengo pensado dejarlos una temporada en un guardamuebles, a ver que tal. No sé. No sé si tendré que venir un día con una furgoneta a buscarlos, puede que los eche de menos, y cualquier día me den pena y decida seguir alimentándolos. No sé. De momento quiero ir a la moda y, además de comprarme unas botas supermolonas para este invierno, voy a aparcar mis miedos (que son grandes). Ahora se lleva lo pequeño.

lunes, 17 de agosto de 2009

Mi road movie

Quiero ser la protagonista de mi road movie particular. Quiero conducir un Thunderbird descapotable del 66, en honor al año de mi nacimiento, e ir desde Nueva York hasta California, como Kerouac. Conducir y conducir, porque me gusta conducir, parar a comer cuando tenga hambre, parar a beber cuando tenga sed y parar a dormir cuando tenga sueño. Comer hamburguesas, burritos, apple pie, cherry pie, tacos, hot dogs, brownies con helado de vainilla, pasteles de cinnamon y manzana, lemon pie, caesar salad, Alfredo's pasta y donuts de colores. Beber Mountain Dew, Dr.Pepper, Buds, apple juice, frapuchinos, litros de café, iced tea y agua de las montañas de Utah. Dormir en un Motel Six, en un Best Western o similar donde pueda dejar mi Thunderbird descapotable del 66 a la puerta y donde haya una máquina expendedora de Reeses y Butterfingers (a la puerta).
Puedo ir sola o acompañada, eso sí, quien quiera venir conmigo (si alguien quiere) tendrá que aceptar la banda sonora que yo elija para el viaje, porque esta es mi road movie particular. Todavía no la he elegido, pero lo haré un día de estos, seguramente incluirá temas de Wilco, Belle and Sebastian, Clem Snide, Jeff Buckley, The Decemberist, Bright Eyes, Camera Obscura, The Lemonheads, Ben Lee, Cat Power, Rosie Thomas, The Pain of Being Pure at Heart, Bon Iver, Ray LaMontagne, Emiliana Torrini, Interpol, Eli Paperboy, Lambchop, The Killers, The Sounds, Death Cub for Cutie, Rufus Wainwritgh, Antony an the Johnsons, Matt Costa, Rocky Votolato, Sufjan Stevens, The Postal Service ... y cuando cruce la frontera entre Nevada y California sonarán uno detrás de otros todos los discos de Jack Johnson. Entonces llegaré a Big Sur y me daré un baño en el Pacífico.
Será un viaje muy largo, pero no tengo prisa. Cruzaré valles, montañas y desiertos. Pasaré junto a cañones y ríos. Veré amaneceres y puestas de sol. Iré despacio, o deprisa, depende, ya veré. Será una road movie sin argumento, no pasará nada, no me parará la policía, no me perseguirá un camión asesino, no desapareceré en una gasolinera, no habrá armas de fuego, ni persecuciones por carreteras secundarias, los moteles en los que duerma estarán libres de asesinos, no me comeré la cabeza ni me complicaré la vida, por lo que tampoco habrá argumento para una peli indie destino Sundance, no me enamoraré ni conoceré a Brad Pitt vestido de cowboy en un hotel, nadie me acosará, no me emborracharé, no recogeré a ningun autostopista, ni siquiera se pinchará una rueda de mi Thunderbird descapotable del 66, ni se calentará el motor, no me quedaré sin gasolina y no me dolerá la cabeza, es mi road movie particular y será como yo quiera, tendrá un argumento muy simple, conduciré y conduciré, escucharé música y cantaré a todo volumen las canciones que más me gusten.

Cuando llegue a Big Sur me quedaré allí una temporada, luego subiré hasta Carmel o Monterrey, dónde comeré clam-chowder hasta hartarme y luego seguiré subiendo hasta llegar a San Francisco, donde me quedaré unos días, iré a City Lights, a respirar el espiritu de la Beat Generation y luego poco a poco y en mi Thunderbird descapotable del 66 pondré rumbo a Seattle y desde allí cruzaré la fontera a Vancouver, donde me quedaré por tiempo indefinido. Cuando llegue allí, y desde mi casa con vistas al mar, seguiré contando cosas.

Un día de agosto en la isla


Como cuando me voy a dormir no tengo la precaución de cerrar las persianas y como aquí amanece tan pronto, la luz me despierta muy temprano. Yo no tengo ese tipo de precauciones, me da igual dormir con las persianas cerradas o abiertas, y la luz del amanecer en la isla me encanta. Es muy pronto, cojo mi ipod, pongo música, me doy la vuelta y sigo durmiendo ...
Cuando ya no quiero o necesito dormir más, me levanto. Salgo a la terraza, cuento los barcos fondeados delante de casa, es agosto, hay muchos, algunos son muy bonitos. Intento adivinar de dónde sopla el viento, pero nunca se me dieron bien ese tipo de cosas, y eso que pasé casi todos los julios de mi infancia y mi más tierna juventud alrededor de un fuego de campamento y cruzando el río (que ahora que lo pienso no sé como se llama) colgada de una tirolina, y tenía un uniforme parecido al de los boy scouts, pero se conoce que no aprendí del todo bien a ser una pequeña exploradora, y es que yo era la de la guitarra, la que cantaba canciones de los Beatles con acento perfecto en las noches de lunabrillante. El caso es que también me da igual si el viento es del norte o del sur. Ya dije que casi todo me da igual.
Me visto. No hay cosa más fácil que vestirse en Menorca, cualquier cosa vale, siempre hace calor y siempre estás guapo, cualquier vestido favorece siempre que sea cómodo. Me voy a desayunar al Imperi. Es agosto, y pillar mesa en la terraza del Imperi no es fácil, pero yo he desarrollado una técnica para el mes de agosto, llego en la bici, la ato a una farola enfrente de Correos y me acerco a la terraza, busco una mesa ocupada por un chico guapo (da igual que esté desayunando con su novia, con sus amigos, con su perro o solo consigo mismo), me acerco y le digo "perdona, cuando te vayas te importaria avisarme y dejarme la mesa, no te estoy presionando, yo estaré sentada ahí, en ese escalón al lado de la casa de la capellana, me da igual que sea dentro de cinco minutos o de una hora, porque sabes qué, yo ultimamente tengo mucha paciencia, y hoy me apetece desayunar tranquilamente en esta mesa, gracias". Ya está, mesa conseguida.
Una vez sentada en la mesa pasará un rato hasta que me atiendan porque en la isla todo va un poco más lento de lo normal, pero me da igual, porque como tengo mucha paciencia. Mi camarera/ingeniero favorita, la que se dirige a mí por mi nombre y sonríe mucho vendrá en un momentito, mientras tanto leo la prensa, leo lo que ha escrito mi hermano, y miro a la gente que pasa por la plaza del Borne. Desayuno cafeconleche, pastillas y unzumodenarnjanonaturalconmuchohieloporfavor.
Cuando me aburro de estar sentada allí me voy a dar una vuelta por el pueblo, me gusta pasear por Ciutadella, me encuentro con fulanito, con zutanita, deu, deu, que tal estás? mol bé ! Me vuelvo a casa en bici y me tiro junto a la piscina, después vamos a buscar a Rubén al periódico y nos tomamos una cerveza en la plaza del mercado, pensamos qué y dónde comemos, comemos y nos vamos a la playa, en agosto no se pude ir a cualquier playa, pero yo sí sé dónde ir en agosto. Y pasamos la tarde en la playa, y anochece en la playa, y volvemos acasa y nos duchamos y nos vamos a cenar, y tomamos unas copas (es decir, toman unas copas), y estoy muy cansada, y vosotros haced lo que queráis, yo me voy a dormir, y como no tengo la precaución de cerrar las persianas verdes que tanto me gustan, pues mañana me despertaré cuando amanezca y pondré música y me volveré a dormir, y me levantaré, saldré a la terraza, contaré los barcos fondeados ...
Me gusta pasar el tiempo en la isla ... dentro de unos días vuelvo

domingo, 16 de agosto de 2009

El moreno es compatible con la enfermedad


Estaba echando una ojeada a las entradas antiguas de éste mi blog y me he dado cuenta de que hace unos meses no podía escribir sin hacer referencia a mi enfermedad, porque no sé si lo había dicho, pero estoy enferma, me llamo Marta Pérez Atienza, tengo 42 años, dos hijos y estoy enferma.
"Pues tú dirás lo que quieras", me dicen los demás, "pero no tienes pinta de enferma". Sí, si pinta puedo tener de lo que sea, pero estoy enferma, qué le voy a hacer. Si no estuviese enferma, ahora seguro que estaría durmiendo, porque mañana tendría que madrugar para ir a trabajar, seguramente este blog no existiría, y seguramente tendría pinta de enferma, porque estaría cansada, ojerosa, flaca, agobiada, acalorada, con ganas de vacaciones, con falta de tiempo para esto y para lo otro y para hacer esas cosas que me gusta tanto hacer. Pero como estoy enferma, pues estoy descansada, relajada, cuidada, atendida, querida, mimada, morena, anticoagulada, empastillada, requetemirada por los médicos, agotada de los médicos, agradecida a los médicos, muerta de miedo, llena de incertidumbres, de preguntas sin respuestas, a veces cabreada, a veces contenta, feliz ...
En fin, que aunque no lo parezca, estoy enferma, y tengo una enorme carpeta donde archivo papeles varios que acreditan mi condición de enferma. Me llevó casi dos horas colocarlos todos de una manera medianamente ordenada, aquí los informes de los hematólogos, aquí los informes de los internistas, después los de digestivo, seguidos de los de neurología, aquí las pruebas de los radiólogos y después los informes de urgencias, después las pruebas genéticas, los análisis de médula, las endoscopias, los partes de ingreso y los partes de alta no sabía muy bien que hacer con ellos, así que los dejé para el final, después de los análisis de sangre, que cómo eran tantos, elegí unos pocos y aparté el resto. Y con el carpetón me planté el otro día ante el tribunal médico, y mientras estaba en la sala de espera me puse a pensar en mí y en la carpeta, y no podía comprender cómo todo eso me había podido pasar a mí. Ya sé que esas no son cosas que se tengan que comprender, son cosas que pasan y ya está, esta vez me tocó a mí y para qué vas a perder el tiempo intentando comprenderlo, es mejor utilizar ese tiempo en intentar asumirlo y en luchar contra ello. Pero por un momento llegué a sentir como una especie de ligero mareo mientras pensaba. Pensaba en cuando era pequeña, en cuando era más joven, y nada hacía pensar que mi sangre estaba o llegaría a estar enferma. Y me sentí mal. Me sentí fatal. Porque no quiero estar enferma, porque se supone que lo que queremos es estar cien por cien bien. Y empecé a pensar en mi sangre y en el origen del problema que hace que mi sangre no sea como la de los demás, y pensé que quizá los bichos que me piquen enfermarán con mi sangre, que no mola nada. Pensé en por qué tengo una médula rebelde. Pues porque sí, ya ves, y es de gilipollas intentar encontrarle una explicación. Y visualizaba yo mi médula ósea cuando me tocó mi turno, y cogí mi carpeta y me fui a ver al médicojuezsentenciador, o lo que sea que son esos médicos que no saben nada de tí y en un rato se tienen que hacer una idea sobre tí y tu estado físico, eso sí, ayudados por la carpeta llena de informes colocados por epecialidades y cronológicamente. Desde que entré hasta que salí no fui capaz de quitar mi mirada de los ojos del médico en cuestión, me pasa con todo/as (los/las médicos), tengo que analizar hasta la más mínima expresión de su cara, y como vea en ellos un gesto que no me gusta, el corazón me empieza a latir a velocidad de vértigo y les empiezo a bombardear a preguntas, una detrás de otra, sin darles tiempo casi ni a responderme. Y ya pueden ser amables conmigo, que tengo que confesar que todos lo son, porque no me veo con fuerzas yo para tratar con los houses éstos que están ahora tan de moda en los hospitales, y que conste (en caso de que leas ésto) que no lo digo por tí, que tú eres médico de otros, y con tus pacientes puedes ser todo lo house que quieras, y además House mola, y tú molas ... El médicojuezsentenciador del otro día fue muy amable conmigo y yo le correspondí limitándome simplemente a mirarle, no le hice preguntas, sólo contesté a las suyas, debió de flipar con mi bronceado tono-yate-grande, pero él sabe que a pesar de no tener aspecto de enferma, estoy enferma, crónicamente enferma. El sabe que el moreno es compatible con la enfermedad, de igual modo que la palidez es compatible con la buena salud, y si no que se lo digan a mis compañeros de trabajo, a los que el otro día fui a visitar mientras aporreaban los teclados de sus ordenadores bajo un chorro de aire acondicionado y ansiosos de disfrutar sus tan merecidas vacaciones de verano, esas que cuesta tanto colocar en las planillas, esas que tantos quebraderos de cabeza nos dan y que luego pasan tan rápido.
Si hubiesen hecho una rueda de reconocimiento policial buscando entre nosotros a un delincuente enfermo, yo no hubiese salido elegida, lo sé, ellos parecían más enfermos que yo. Pero ... la enferma soy yo. Y el médicojuezsentenciador dirá si me volveré a sentar con ellos a aporrear los teclados para contar el último bombing attack in Baghdad o para contar al mundo que a small bomb exploded inside a restaurant in Palma de Mallorca, Spain, on Sunday, 9 Aug. 2009 e insistir en que ETA is a Basque terrorist band, no un Basque separatist group como se empeñan en editarnos desde Fráncfort, y otra vez con la misma historia ... o volver a escribir el pie de foto de esas imágenes tan tristes que nos mandan los foteros de Algeciras o de Canarias about 67 ilegal inmigrants aboard a small and rudimentary boat that were intercepted by a Spanish Civil Guard boat 67 miles off the Canary Island coast on Tuesday, 13 Feb ... My Godness !!! Lo dejo en manos del médicojuezsentenciador y su buen criterio.

Enfocando y centrando la imágen


Ridículo esto de escribir sin escribir, de contar sin contar, de hablar por hablar ... definitivamente ridículo. Pero en ello estoy, me resbalé, me caí y sigo deslizándome por este mundo de las palabras sin sentido. Aunque bien pensado es mejor que sea así, porque no me quiero ni imaginar la cantidad de barbaridades que podría llegar a escribir si me pusiera un día a expresar lo que realmente siento sin pudor y con valor, como escribe la gente que a mí me gusta cómo escribe. Pero lo he dicho muchas veces, tantas que resulto pesada y cansina, soy cobarde, no soy valiente, nací con miedo, viví y vivo con miedo y moriré con miedo. El miedo no está tan mal, nos proteje, nos ayuda a ser cautos y nos previene de hacer cosas peligrosas, cosas de las que en un momento dado podías llegar a arrepentirte de haber hecho, y así, gracias al miedo, no haces.
Así es mejor, es como ir disfrazado por la vida, con antifaz, tú ves pero a tí no te reconocen, y eso te da ventaja, te da libertad de movimientos, te ayuda a ir y venir cómodamente. Si algún día me diese por escribir como realmente me gustaría escribir y alguien se encontrase con mis palabras, habría desde ese momento en el mundo alguien que me podría mirar con los mismos ojos con los que yo me miro, y me veo, y sería una sensación bastante extraña.
Me pregunto qué es lo que se siente cuando desnudas tu alma. ¿Será alivio?. No sé, pero da igual, es una cosa que yo nunca voy a saber, porque nunca lo voy a hacer, porque llevo más de cuarenta años viviendo conmigo, y me conozco, y sé de lo que soy capaz y de lo que no. Y de desnudar mi alma, puedo asegurar que no soy capaz.
Y a pesar de todo me empeño en teclear deprisa como si eso sirviese de algo, pienso que cuando escribes muy deprisa con el movimiento de dedos se diluye la ansiedad, la angustia y el desasosiego, da igual lo que escribas, el caso es escribir, la ansiedad desaparece, no del todo por supuesto, qué sería de mi mundo interior sin la ansiedad y sin la angustia y sin el desasosiego, no sería mío, sería de otro, o de otra.
Llevo dos días incomunicada con el mundo exterior. Mi madre es el hilo que me mantiene ligada a las necesidades básicas, una madre nunca deja de alimentar a su hijo, desde que nace hasta que muere. Gracias a mi madre bebo, como, hablo, me despierto tras el sueño, respiro. Gracias Mum. Cualquier día de estos salgo del aislamiento. A pesar de vivir aislada, hago cosas que ayudan a disimular mi estado, y las hago sin esfuerzo, voy al cine, contesto al teléfono, sonrío, castigo a mis hijos sin nintendo, frunzo el ceño, pongo música, hablar me cuesta un poco más, pero si tengo que hablar, hablo, y de vez en cuando me meto en el cómodo mundo virtúal éste donde nadie te molesta y lanzo canciones y fotos y palabras y después, con las mismas, regreso al mundo real.
¿Que por qué me llegué a incomunicar con el mundo exterior? No lo sé muy bien. De repente sentí una tristeza muy profunda y me fui. Tengo previsto volver en un par de días, porque me pesan las miradas de los demás, pero de momento estoy cómoda así, estoy tan cómoda como cuando me tiro en la arena al sol, o como cuando tomo el sol adormecida por el balanceo del barco. Conozco la manera de abandonar este estado, es tan sencillo como levantarse y tirarse de cabeza al mar, el contacto con el agua te refresca los sentidos y te ayuda a despejarte.
Me dispongo a enfocar y centrar la imagen. Quedará una buena foto.

Pensando

Últimamente no hago más que decir a todo el que me quiera esuchar que yo ya no pienso, que paso de pensar, que he descubierto que pensar me agota, voy de "jooo tío cómo mooola esto de no pensar, es súperguay". Os he engañado a todos, es sólo una pose, me quiero engañar a mí misma y para creérmelo yo tengo que contárselo a los demás, yo ya no pienso, como mooola esto de no pensar. ¡Y una mierda!.
Pienso en esto, pienso en lo otro, pienso en que pasaría si ... pienso en que hubiese pasado si ... pienso en lo que va a pasar si ... y pienso en lo que ya pasó, pienso en el futuro más próximo y en el futuro más lejano, pienso en mí y pienso en los demás. Lo que sí puede que sea verdad es que pienso con menos intensidad que antes, pero claro que pienso, y mucho.
Intento pensar en las cosas importantes.
Si te has cruzado conmigo este verano el tiempo suficiente para hablar un ratito de lo divino y humano seguramente te habré dicho "yo, como no pienso ...", "piensa tú por mí", "que piensen otros". Te he engañado, lo siento. Aunque en realidad, a quién le importa si yo pienso o dejo de pensar ... piensa si quieres y si no, pues no pienses, allá tú, dirán mis interlocutores, a mí que me importa ...
De lo que sí que paso es de la filosofía zen, es un engaño. No importa lo que ya pasó, no importa lo que aun no ha pasado ... ya, ya, que no importa, ¿o no dicen eso?, ¿qué es lo que dicen?, ¿que no importa, o que no te preocupes por lo que ya pasó o aun no ha pasado?, me da igual, paso de los zenes.
Ahora voy a tomarme uncaféconleche y mientras tanto voy a pensar un ratito, pero no pienso decir en qué.

sábado, 15 de agosto de 2009

Todo me da igual


Todo me da igual (sé de alguién que si lee esto, mentalmente y con una sonrisa en la cara cantará "... mi nena me ha dejado, no tengo ni un duro, el coche se me ha estropeado, todo me da igual...).
Vuelvo a empezar, que hoy estoy seria, triste, desanimada, y no tengo ganas de bromas, ni siquiera de las que me hago yo misma y sólo yo entiendo y río. TODO ME DA IGUAL. Sé que es difícil de creer, pero estoy llegando al punto en el que casi todo me da igual.
Lo que quiero es que me dejen vivir en paz, quiero que los días pasen a su ritmo, me da igual estar cansada, siempre que me dejen descansar (en paz), me da igual tener calor que tener frío, me da igual estar triste que estar contenta, me da igual que me quieran o que no me quieran, me da igual que me crean o que no me crean, me da igual subir que bajar, me da igual hablar que callar, me da igual ir que venir.
Lo que no me da igual son los dolores, no quiero tener dolor, para unos dolores tengo Enantyum y Nexium, para otros dolores tengo otras cosas.
Me da igual estar aquí que estar allí. Me da igual correr que ir despacio.
No tengo ganas de nada, pero estoy bien.
Ahora déjenme con mi música (me iré a otra parte), déjenme con mis libros, déjenme con mis cosas, trataré de que todas las piezas encajen en un puzzle perfecto.
A mis hijos les dejaré disfrutar de lo que les queda de verano dirigiéndoles sólo lo justo y necesario. Me da igual que hagan deberes o que no los hagan, me da igual que lean o no lean, me da igual que coman o no coman, me da igual que se peleen o que se besen, me da igual. Lo que no me da igual es la tele y los videojuegos. Los talibanes afganos unos blandos a mi lado. He dicho : prohibido temporalmente, porque lo digo yo y ya está. No es necesario ningún tipo de expicación (Ahora, criaturas fruto de mi vientre podéis seguir haciendo lo que queráis, disfrutad de la vida, contáis con todo mi amor incondicional de madre - toma ya !).
Me da igual que llueva o que haga sol.
Me da igual encajar que no encajar. Si encajo bien, si no pues no pasa nada. Me da igual que me critiquen. Me da igual lo que piensen de mí. Me da igual. Me da igual dar y no recibir. Me da igual ser borde que encantadora, hay un momento para todo.

Nada de lo que me pasa tiene ya que ver con lo que me pasó. Lo que me pasó ya pasó, me pasó con mayúsculas, pero ya pasó. Creía que me había hecho cambiar, pero no es verdad, sigo siendo la misma, lo único que ha cambiado es mi forma de ver la vida. Ya sé que parece sacado del guión de una película mala, pero ... es verdad.
Lo que me pasa ahora sólo tiene que ver con el ahora, con lo que quiero ahora, con lo que vivo ahora.
Con mi cámara de fotos trato de captar los momentos para que no se me escapen, porque un atardecer al sol se ha convertido en UN ATARDECER AL SOL, porque un concierto de Dêlen se ha convertido para mí en un CONCIERTO DE DÊLEN, porque un baño en el mar es ahora UN BAÑO EN EL MAR y un paseo en bici, UN PASEO EN BICI ...
Porque ahora disfruto más que antes (y eso que antes, cuando no sufría, disfrutaba muchísimo). El punto medio ya me da igual. Si lo encuentro, bien, si no lo encuentro, también bien. Cuando tenga que sufrir, sufrire, me fastidiaré y me las tendré que apañar. Sé que seguiré sufriendo por cosas que no merecen la pena, o que sí la merecen, pero no tanto como yo me pienso, porque tengo tendencia a magnificarlo todo, a dar demasiado importancia a las cosas. Tengo tendencia a engancharme fácilmente de algunas cosas y de algunas personas (pocas), que me suelen parecer maravillosas y que pienso que la vida me pone en el camino por alguna razón especial, importante e inaccesible a mi entendimiento. Y echo el resto hasta que un día me desilusiono, y la desilusión es lo que peor llevo, pero es lo que más me ayuda a salir de los charcos en los que me meto. Si el chocolate me desilusiona, dejo de comer chocolate, si París me desilusiona, dejo de ir a París, si algún día Love of Lesbian me desilusionase dejaría de escuchar a Love of Lesbian y ya no iría a sus conciertos nunca más, si un amigo/a me desilusiona, la desilusión me ayudaría muchísimo a olvidarle/a.

Mientras tanto, y mientras me ilusiono y me desilusiono, sigo viviendo y captando momentos. Y sonriendo. He descubierto las propiedades analgésicas de la sonrisa.

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No me interesa


No me interesa. No me entero de nada. Mis niveles de desinformación están empezando a ser preocupantes. No veo la tele, y no la veo porque no me apetece, esto no tiene nada que ver con "soy muy cool y no veo la tele". No me interesa lo que cuentan en la tele, no me interesa lo que cuentan en la radio. Los periódicos de momento siguen pasando por mis manos, pero voy de la sección internacional a la de sociedad y cultura, pasando por nacional con los ojos cerrados por si acaso, sin querer, veo el careto de cualquier inútil de esos que dicen tantas gilipolleces, por si acaso me topo con la cara de algún corrupto, no me interesan los corruptos, no me interesan las comunidades autónomas, no me interesa el PP ni el PSOE, me da igual lo que tengan que decir, no me interesa, no quiero saber en que pueblo se cargó un esposo a su esposa con un cuchillo jamonero, no quiero saber la edad media de los que se mueren por la gripe A en España y alrededores, no quiero saber si los turistas extranjeros vienen o dejan de venir a nuestras playas, paso de la crisis, bastante tengo yo con mi crisis, desde que salí del garaje de EFE un sábado de enero del año pasado estoy empezando a hacerme un lío con los ministros y sus carteras ... pero al menos me sigue interesando lo que pasa en Kandahar, me jode profundamente que Morenatti se haya quedado si un pie por culpa de una bomba, porque me gustan sus fotos, me gusta que sea capaz de contarnos las cosas que nos cuenta, me gusta que se fuese de EFE mientras los demás decíamos "me piro de EFE", me impresionan las caras de los niños afganos, la luz que reflejan en un lugar donde todo es gris, me gusta lo que está haciendo mi amigo Andrés en Honduras, me gustaría haber sido en su día tan valiente como él y en vez de editar las fotos de los demás haber cogido el petate y haberme ido a Cachemira, a sacar luz de lo gris, como Morenatti, o a Gaza a buscar un grupo de palestinos que se reunen clandestinmente con sus amigos de Tel Aviv para demostrar al mundo que los humanos somos idiotas, o a Yangon, o a Katmandú, a hacer fotos con mi amigo Narendra Shrestha ... me gusta que David siga con la cámara que se compró con el dinero del finiquito filmando esto y lo otro ... y eso lo digo ahora que sé que no puedo hacer nada de todo eso porque estoy anticoagulada de por vida e indefinidamente supermedicada, ahora que tengo dos hijos colgados del cuello cual monos del Amazonas (en los bosques del Amazonas, ¿hay monos?), ahora que ya no tengo 20 años ... genial Marta, que te dé ahora por pensar en todo lo que tenías que haber hecho y no hiciste, muy bien.
Mientras tanto paso por el verano sin hacer ruido, sin pensar mucho, voy de Santander a Menorca y de Menorca a Santander pasando por Madrid. No quiero pensar mucho, porque cuando me pongo a pensar ... ains. Soy poco valiente, soy muy cobarde, me siento débil, me dejo llevar por la corriente, tiro la toalla, extiendo la toalla, en la playa, bajo el sol, ese sol que me da energía, porque necesito calor en mi cuerpo, porque tengo frío por dentro y el sol me alivia, y el agua me despeja, y mientras tanto como polos de limón, uno tras otro, porque he descubierto que son adictivos, cuando se derrite en la boca el último trozo de hielo el cerebro ordena la acción de comer/chupar más polo de limón. Y mientras tanto escucho música, aún no me he curado de Wilco, pero llegarán otros que me hagan olvidar a Wilco, otros a los que escuharé compulsivamente (de la misma manera que como polos de limón), y mientras tanto sigo con mi Cannon haciendo fotos de aficionado, fotos de niños guapos y bien nutridos, con pelo brillante gracias a los cereales del desayuno, piel lustrosa gracias a los danone naturales y mentes despiertas gracias a su buena puntería a la hora de venir a este mundo, niños con tabla de surf y niñas con coletas y lazos, niños felices, de esos que tienen todo y siempre quieren más, de esos que nosotros malcriamos a pesar de que esa no sea nuestra intención, a pesar de quererlo hacer tan bien que lo acabamos haciendo bastante mal, no mal no, me niego a reconocer eso.
Y mientras tanto, voy a seguir con mis cosas (¿qué cosas?) a la espera de que un tribunal médico formado por unos profesionales de lo suyo que ya han acabado sus vacaciones o están esperando a que lleguen decidan qué es lo que a a ser de mí, laboralmente hablando, y así como quien no quiere la cosa influyan sin querer en mi futuro más próximo, y en el de los que me rodean, porque las cosas no serán igual a partir de este otoño, porque yo también voy a tomar decisiones, porque cuando el sol deje de calentar mis huesos me tendré que abrigar contra el frío.

viernes, 14 de agosto de 2009

En metro



Llené una mochila con ropa, chanclas, bikinis, toallas y pareos de rayas (confieso mi debilidad por las rayas, de colores), llené un bolso enorme con pastillas (de colores), música, un par de libros, gafas de sol, gorra de baseball, gominolas (de colores), papeles, y en menos de tres horas y media recorrí en mi minicooper el trayecto que separa mi ciudad natal de mi ciudad de residencia. Al llegar a casa me encontré con que algunas plantas estaban casi muertas, otras estaban totalmente muertas, llevé a cabo maniobras de primeros auxilios con las que tenían alguna posibilidad y me sentí culpable de haberme olvidado de esos seres vivos que dan frescor, y verdor, y color, y olor a mi casa y a mi jardín ... es que salimos tan deprisa, abandonamos Madrid como si huyésemos de alguna mafia, como si nos faltara el aire, como si fuésemos seres acuáticos condenados a vivir en tierras de secano e indultados por buen comportamiento. Las mochilas del cole tiradas por el suelo, las fichas, libros y las fotos de fin de curso esparcidas por la mesa, la flauta en el sillón, la guitarra en el otro sillón, las zapatillas de deporte descansando en la escalera (mientras Bruno corría la milla con zapatos), desorden, el buzón lleno de sobres y propaganda, un calor de muerte, no encontramos el mando del aire acondicionado, los minivecinos llaman a la puerta preguntando por nuestros hijos (Catalina y Bruno no han venido con nosotros, comunico en tres ocasiones tras tres timbrazos). Me ducho, me cambio y me voy corriendo a un Starbucks, creo que lo único que me une con Madrid en estos momentos son los Starbucks, quiero un frapuchino de mango yaaaaaa. Y sentados en la terraza del Starbucks de la calle Fuencarral vemos pasar a la gente que sufre y disfruta del verano en Madrid, porque en Madrid el verano se sufre y se disfruta por igual. Cada vez me gustan más los frapuchinos. Llevo una camiseta de Eli Paperboy superchula. Hace calor, pero me mola el calor. Volvemos a casa, dormimos y madrugamos para ir al aeropuerto.
Ir al aeropuerto es toda una ceremonia, hay que decidir si ir en taxi y pagar una pasta gansa, si ir en coche, aparcar en el parking de larga estancia y pagar una pasta gansa, si pedir a alguien que te lleve, ahorrarte una pasta gansa pero arriesgarte a perder un amigo, mejor pagar una pasta gansa, o ... hacer como hace la gente normal, es decir, la gente que no es como yo, y que no le importa parecer un topo con sentimientos, y previo pago de un euro (creo) se mueve por la ciudad a través de los túneles del metro (ese que dice Gallardón que vuela). No sé si es que esa mañana me levanté tacaña o si me estoy empezando a transformar en normal, pero a Pepe casi se le salen sus azules ojos de las órbitas cuando me escuchó sentenciar que nos íbamos al aeropuerto en metro. Esa mañana estaba dispuesta a todo, quise retarme a mí misma, ya sé que a la mayoría de la gente le puede parecer una gran tontería, pero yo no monto en metro ni en ascensores, porque me da pánico, porque me agobia, porque sufro sólo de pensarlo, porque me da pavor la posibilidad de quedarme encerrada en un vagón de metro o en una cabina de ascensor, porque hay algo que no debe funcionar correctamente en el interior de mi cabeza. Y no soporto que la gente me diga "¿Cuántas personas conoces que se hayan muerto en un acensor?", sé que es ridículo, pero ... podría contar mil historias sobre ascensores, metros y Marta, quizás un día que esté inspirada lo haga. El caso es que fuí al aeropuerto en metro y sobreviví, todavía no sé muy bien por qué lo hice, pero da igual, lo hice. Y lo más ridículo de todo es que me siento muy orgullosa. Estoy orgullosa de haber hecho algo que todo el mundo hace a diario de la misma manera que se sienta ante una mesa y come o se mete entre unas sábanas y duerme. En fin ...

lunes, 3 de agosto de 2009

Un buen día



Voy a romper las ventanas para que lluevan cristales, ven a romper las ventanas, ven a gritar como antes, ven a romper las ventanas y a hacer del caos un arte, voy a romper tus ventanas y voy a entrar como el aire ... me despierto escuchando a Love of Lesbian.
Me despierto cansada, despertarse cansada no tiene sentido, se supone que se duerme para descansar y que uno tiene que abrir los ojos por la mañana con ganas de comerse el mundo, o al menos de no dejar que el mundo te coma a tí.
Yo cuando me despierto tengo ganas de rebobinar unas cuantas horas, de volver a intentarlo, de descansar de verdad, pero como eso no puede ser me pongo a pensar, a pensar sin rumbo, a pensar sin dirección, simplemente a pensar ... para nada, porque cada vez me sirve de menos pensar ... entonces doy un salto y paso de los pensamientos a los recuerdos, y en el mundo de los recuerdos me entretengo un buen rato, y en mi cabeza se empiezan a mezclar sonrisas, lágrimas, personas, viajes, lugares, días y noches, y me entra la nostalgia, la nostalgia de aquellos días en los que la energía desbordada era la protagonista de mi historia, de aquellos días en los que literalmente me comía el mundo, cuando las cicatrices eran pequeñas y casi imperceptibles ... Y entre recuerdos vuelve el sueño, y cuando vuelve el sueño aparecen mis hijos en forma de revolución, gritando, saltando, desbordando energía, éso sí que es energía. Es mi energía reencarnada en niño y niña. Y así empieza el día, con una mezcla de energías, y compensando las de unos con las de los otros nos disponemos hoy a disfrutar de un día de verano y nos vamos a la playa. Y en la playa hemos pasado todo el día. Y en la playa nos hemos reunido con Bárbara, Jesús and sons. Es increíble que en Madrid vivamos a menos de un kilómetro y nos tengamos que ver en Santander.
En Madrid tienes que quedar con la gente con muchos días de antelación. En Madrid es muy fácil que una de las partes tenga que anular la cita acordada con muchos días de antelación. En Madrid pasan las semanas, pasan los meses y seguimos diciéndonos a través del teléfono, 'a ver cuándo quedamos', 'nos tenemos que ver sin falta'. En Madrid entre el trabajo, los desplazamientos, los compromisos ineludibles y la vida social infantil, casi no te queda tiempo para ver a tus amigos, y cuando te queda a tí, no les queda a ellos, o les queda a varios a la vez y tienes que elegir a quien ver, y si no te pones de acuerdo con tu compañero de fatigas al final pasas de unos, pasas de otros y te vas al cine. Y así pasa el tiempo y seguimos diciéndonos entre todos, 'nos tenemos que ver sin falta un día de estos', y entonces yo digo, 'este finde no puedo que tengo ..., el otro, vale?', 'no el otro yo no puedo que me voy a ..., el siguiente ?', 'no el siguiente yo no puedo que viene ...', y así sucesivamente hasta que llega el verano y mira tú por dónde nos reunimos en la segunda playa del Sardinero, relajados, contentos, con ganas de vernos ... y relajados y contentos nos vamos a cenar después de un baño en el mar, y relajados y contentos pagamos la factura de la cena, que nos parece de risa, y comentamos lo caro que es Madrid (siempre comentamos lo mismo y calculamos cuánto más hubiesemos pagado allí por lo mismo, nos hace sentirnos bien, es simple pero es así) y relajados y contentos nos despedimos ¡hasta pronto!. Es agradable reunirse con los buenos amigos, esos que siempre están ahí, a pesar de que el día a día no nos deja disfrutar de nuestra mutua compañía. Sin embargo, en los momentos difíciles (concretamente en mis momentos difíciles) la amistad se impuso sobre el agobiante día a día.
Hoy ha sido un buen día, un día tranquilo, de sol y mar, de arena y música, de olas y cerveza, de canciones compartidas, de helados derretidos, de juegos sin juguetes, de risas contagiosas ... Hoy mi cansancio se ha aliviado ecuchando a Love of Lesbian sobre la arena, ayer necesité una coca-cola para resistir de pie mientras Bruno participaba en la XIX Milla Urbana de Polanco, ayer estaba excesivamente baja de fuerzas (cualquier día de étos me atrevo con el Red Bull). Y Bruno participó en la milla por tercer año consecutivo, y mejoró su marca, y corrió con zapatos, porque se nos olvidaron en Madrid las zapatillas de deporte, y nos dimos cuenta a última hora, pero no parece que le importara mucho, mientras los demás iban ataviados con sus equipos de atletas al uso, Bruno se subió al podio vestido de skater y con zapatos (mea culpa). Da igual, volvió a casa encantado con su trofeo. El año que viene le disfrazo de Sebastian Coe.
Ayer también fue un buen día, un día de desayunos junto al mar, un día de amigos de esos que perdurarán en el tiempo porque así está escrito y así nos ha sido revelado, un día de maratón, de correr y correr, de compartir coches, de conducir porque "me gusta conducir", de siestas, ayer también fue un buen día ...