lunes, 13 de julio de 2009

Las horas



Vale, lo han conseguido. Entre los dos me han echado de mi cama, menos mal que siempre me quedará mi adorado sofá, mi querido compañero de fatigas. Nunca llegaré a un acuerdo con el aire acondicionado, es más, o me voy pronto de aquí o me llevará inevitablemente al divorcio. Señor juez, la otra parte, mi contrincante, quiere acabar conmigo a golpes de aire.
Yo no quiero que nadie muera de calor en el camino, de verdad que quiero que descanse, que duerma ... pero el verano en Madrid separa inevitablemente nuestros destinos. Mi garganta no lo soporta. El aire es mi enemigo. Me voy al norte, allí donde las mantas siempre están a mano. Me vuelvo a Menorca, allí donde la brisa marina le gana la batalla a las máquinas. Me voy de Madrid, me voy de esta ciudad a la que tanto quiero y a la que tanto odio ...

Y mientras tanto ya amaneció y no me he dado ni cuenta. Hace unos días ví amanecer en Ciutadella mientras paseaba en bicicleta junto al mar, y sí que me dí cuenta. Son las 07:00 AM. Allí nunca sé que hora es, no llevo reloj y no tengo relojes a la vista. Allí intuyo la hora según los barcos que llegan de Mallorca y Barcelona van entrando en el puerto aunque nunca llegan a su hora, así que da igual. Bruno me avisa "mamá, llega el Balearia". Allí la hora no nos importa mucho, la verdad. Allí las prisas no van con nosotros. Sólo hay una cosa que me hace correr en la isla, y es la puesta de sol. Me gusta ver la puesta de sol (soy así de cursi) en mis sitios favoritos y muchas veces no calculo y no llego a tiempo, o tengo que correr, el sol no espera ... todo un lujo, correr para ver ponerse el sol. A veces me doy prisa para llegar a desayunar al Imperi de la plaza del Borne a una hora decente, antes de que se acaben los croissants de chocolate que tanto me gustan (tengo que confesar que a pocos he llegado este verano). Por lo demás, me da igual que sea una hora que otra.
Lo mejor de todo es que ahora aprecio estas pequeñas cosas. Ahora no tengo prisa. Antes vivía corriendo, ahora no. Cuando estoy en Madrid no lo puedo evitar y tengo que seguir su ritmo, me dejo llevar por la corriente, necesito un reloj (es muy útil cuando vas de cita en cita por allí por donde los horarios tienen su importancia).

Ahora voy a llevar la contraria a los horarios y me voy a dormir, en el sofá, allí donde mando yo, sin aire acondicionado, los pingüinos los veré cuando vaya a Alaska, ¿en Alaska hay pingüinos? (por cierto, tengo un viaje pendiente a Alaska).

2 comentarios:

martina dijo...

Hola, he llegado a ti desde Hans y me ha gustado mucho tu blog, pese a todo. También me encanta Menorca, qué especial es.

Te mando abrazos desconocidos y reconfortantes.

martamaine dijo...

Gracias Martina, nunca he apreciado tanto los abrazos como ahora. Aunque sean desconocidos son reconfortantes!
bssss