miércoles, 22 de julio de 2009

No

Hay días ...

Hay días en que todo se ve un poco más gris de lo habitual. Hoy es uno de esos días. Me levanto haciendo un gran esfuerzo, pues últimamente no consigo descansar bien, no se por qué, pero me cuesta dormir y duermo mal, me voy al hospital a que analicen mi defectuosa sangre, yupi, hoy me toca hospital nuevo, que ilusión, aquí todo es rápido, las caras son amigas y me pinchan con una miniaguja que maltrata un poco menos mis pobres venas. Me descolocan los resultados de mis análisis que se salen de los baremos correspondientes, y hoy el nivel de INR (da igual lo que sea el INR) no estaba en su sitio, así que me he puesto de mal humor, ya sé que no pasa nada, que tiene solución, bla, bla, bla, pero me fastidia, qué le vamos a hacer. Así que me he enfadado conmigo misma, con el mundo que me rodea, he cogido mis libros y mi música y me he tirado de cabeza a la cama, y aquí estoy, viendo cómo llueve, escuchando un disco que me ha grabado Dani (gracias Dani), aporreando las teclas de este portátil al que la batería le dura menos de cinco minutos, y cabreándome por momentos con unas cosas y otras.

Hay días en que es mejor dejarlo todo, intentar pensar en otras cosas, ¿qué cosas?. 'Piensa en otra cosa' te aconsejan los demás cuando estás preocupada por algo, ¡cómo si fuera tan fácil! No sé.
Y cuando lo que te pasa no lo puedes comprtir con los demás, porque no, porque no te entenderían, porque no le interesa a nadie, porque hay cosas que es mejor no compartirlas cuando ni tú misma las comprendes ... Hoy es un día de desilusiones, de decepciones, de baches. Hoy es uno de esos días en los que se me apaga la sonrisa. Hoy es uno de esos días en los que no hago nada por sentirme un poco mejor, porque no.
Hoy no me puedo expresar como me gustaría...
Hoy no es mi día.

martes, 21 de julio de 2009

En el norte

Creo que tengo que volver a la isla. Cuando me fuí no tenía claro si iba a encontrarme a perderme o a qué porras iba. Volví relajada, morena y muy contenta. Ahora sigo relajada, morena, muy contenta, muy perdida, muy despistada, muy cansada, un poco aturdida, bastante confusa, sigo sin saber si tomar rumbo norte o sur, es decir, exactamente igual que antes de irme, excepto por lo del moreno.
Así que creo que tengo que volver pronto, y como últimamente hago lo que me apetece porque sí y sin darle muchas vueltas al asunto pues ... ya tengo billete de avión destino Menorca. Un sms de Spanair ofreciéndome un 25% de descuento para mí y para un acompañante me animaba a utilizar sus servicios este verano, y como a mí no hace falta que me animen mucho cuando se trata de tomar un avión, pues ... me voy otra vez. Esta vez quizá sí me encuentre, o quizá me acabe de perder del todo y se me considere oficialmente perdida ¡quien sabe!
Allí me espera mi hermano, con un coche nuevo, un proyecto de casa nuevo, casi un proyecto de vida nuevo, ya no está Blanca, ya no está la bici orbea (se la llevaron contra su voluntad, aunque ella se agarraba con todas sus fuerzas a una farola del paseo marítimo), me espera mi nueva bici, y como siempre me siguen esperando mis calas favoritas, mis rincones favoritos, mis paseos favoritos ...
De momento me reciclo en el norte, con sus días de sol y sus días de nubes, con sus días de calor y sus noches de chaquetas. Ni yo misma me lo creo, pero el otro día estuve en una romería. No sé cuántos años hacía que no pisaba una romería, es que las romerías me dan pena, el pito y el tambor me recuerda a los Bosio y Martín de mi infancia y no lo puedo soportar, y eso que cuando era una niña me pasaba todo el año esperando las fiestas patronales del año siguiente, pero ahora no sé que me pasa con las malditas fiestas que no puedo con ellas, me dan una pena que me muero, como las bodas y los vestidos de madrina, y las ferias, con esas músicas y esa gente, ains ...
Pero el domingo no sé lo que me pasó que me ví envuelta en una nube de niños y ruidos y cuando me quise dar cuenta estaba en plenas fiestas de San Elías en Soña, supongo que a nadie le importa dónde está Soña, pero por si acaso diré que está cerca de Polanco. Si alguien no sabe dónde está Polanco y le interesa, que lo busque en google, pero aviso que da igual, aunque sea el pueblo natal del famoso escritor costumbrista montañes José María de Pereda, no se pierde nada. En cualquier caso, no está mal eso de tener un vecino ilustre, aunque sus libros fuesen un auténtico peñazo, buf, voy a dejarlo porque acabaré metiéndome en líos.
El caso es que el domingo me tomé una cerveza sin alcohol para celebrar San Elías, codo con codo con el pito y el tambor, y sobreviví. Creo que últimamente vivo un poco anestesiada, deben ser estos medicamentos de colores que me tomo, que hacen posible cosas tan insólitas como éstas.
Ví a gente que hace quizá veinticinco años que no veía, me planté una sonrisa en la cara que significaba 'sí soy yo pero ni se os ocurra acercaros a mí', lo de beberme una cerveza pase, pero lo de hablar, no. Fue una situación extraña, dos familias de "veraneantes madrileños" (todo un clásico en los pueblos del norte) compartían fiesta con la gente del pueblo, tan auténtica y tan de pueblo como yo les recordaba, y nada de sonrisas raras, me parece genial que la gente de pueblo sea gente de pueblo hasta la médula, y la gente de ciudad, pues de ciudad, tan de Carabanchel como Manolito Gafotas ... no cómo yo, que desde pequeña era de pueblo y de ciudad a la vez, que lo mismo estaba subida a un árbol que en una fiesta de las de invitación formal, que podía estar una hora decidiendo si dormía en Santander o en Polanco, y al final nunca estaba contenta con mi decisión, que no sabía de dónde venía ni a donde iba, que sólo estaba feliz mientras iba y venía, que cuando llegaba ya me quería ir, que cuando me iba ya quería volver, yo, que me daba miedo echar raíces, que fui incapaz de comprarme un apartamento en Madrid con todo el dinero que ganaba porque me parecía la mayor barbaridad del mundo, lo de comprar una vivienda digo, no lo de ganar mucho dinero, yo, que no sabía dónde iba a acabar viviendo, si en este continente o en el otro, yo que me gastaba el 'dinero de la hipoteca' en billetes de avión ... yo, la misma que el domingo, en las fiestas de San Elías, mientras veía correr a mis hijos, esos que brillan con luz propia, intentaba mantener una conversación coherente a pesar del maldito pito y del maldito tambor y a pesar de que mis pensamientos se empeñan en vagar libres cuando me toca "socializarme". Y los demás parecían felices. Me encanta que la gente sea feliz, o que lo parezca.

Y seguiría contando cosas sin importancia, pero he tenido que hacer una pausa para ir al centro de salud por tercera vez desde que llegamos aquí (a Bruno se le abrieron los puntos que la pusieron ayer en la playa después de cortarse un pie con un cristal escondido en la arena), así que ya se me ha cortado el rollo y me voy a dedicar a otras cosas. Este año nos hemos librado de la visita al Canal Salat de Ciutadella, pero parece que en esta tierra estamos cogiendo carrerilla a base de heridas de todo tipo. En cualquier caso ... las heridas cicatrizan, unas y otras.

lunes, 13 de julio de 2009

Las horas



Vale, lo han conseguido. Entre los dos me han echado de mi cama, menos mal que siempre me quedará mi adorado sofá, mi querido compañero de fatigas. Nunca llegaré a un acuerdo con el aire acondicionado, es más, o me voy pronto de aquí o me llevará inevitablemente al divorcio. Señor juez, la otra parte, mi contrincante, quiere acabar conmigo a golpes de aire.
Yo no quiero que nadie muera de calor en el camino, de verdad que quiero que descanse, que duerma ... pero el verano en Madrid separa inevitablemente nuestros destinos. Mi garganta no lo soporta. El aire es mi enemigo. Me voy al norte, allí donde las mantas siempre están a mano. Me vuelvo a Menorca, allí donde la brisa marina le gana la batalla a las máquinas. Me voy de Madrid, me voy de esta ciudad a la que tanto quiero y a la que tanto odio ...

Y mientras tanto ya amaneció y no me he dado ni cuenta. Hace unos días ví amanecer en Ciutadella mientras paseaba en bicicleta junto al mar, y sí que me dí cuenta. Son las 07:00 AM. Allí nunca sé que hora es, no llevo reloj y no tengo relojes a la vista. Allí intuyo la hora según los barcos que llegan de Mallorca y Barcelona van entrando en el puerto aunque nunca llegan a su hora, así que da igual. Bruno me avisa "mamá, llega el Balearia". Allí la hora no nos importa mucho, la verdad. Allí las prisas no van con nosotros. Sólo hay una cosa que me hace correr en la isla, y es la puesta de sol. Me gusta ver la puesta de sol (soy así de cursi) en mis sitios favoritos y muchas veces no calculo y no llego a tiempo, o tengo que correr, el sol no espera ... todo un lujo, correr para ver ponerse el sol. A veces me doy prisa para llegar a desayunar al Imperi de la plaza del Borne a una hora decente, antes de que se acaben los croissants de chocolate que tanto me gustan (tengo que confesar que a pocos he llegado este verano). Por lo demás, me da igual que sea una hora que otra.
Lo mejor de todo es que ahora aprecio estas pequeñas cosas. Ahora no tengo prisa. Antes vivía corriendo, ahora no. Cuando estoy en Madrid no lo puedo evitar y tengo que seguir su ritmo, me dejo llevar por la corriente, necesito un reloj (es muy útil cuando vas de cita en cita por allí por donde los horarios tienen su importancia).

Ahora voy a llevar la contraria a los horarios y me voy a dormir, en el sofá, allí donde mando yo, sin aire acondicionado, los pingüinos los veré cuando vaya a Alaska, ¿en Alaska hay pingüinos? (por cierto, tengo un viaje pendiente a Alaska).

Retorno


Aterrizo en Madrid bruscamente contra una noche compartida con mi odiado aire acondicionado, una mañana de gestiones y papeleos y una tarde de migraña descontrolada. Parece que la cosa no empieza muy bien, pero no importa, vuelvo con reservas, en la maleta traigo montones de sonrisas, en mi piel un moreno que me anima, en mi cabeza el mismo despiste que tenía antes de irme y en mi corazón, o cerca de mi corazón ( no sé exactamente dónde), una nueva sensación.

Objetivo cumplido. Sabía que la isla me ayudaría. Sabía que en la isla estaba la respuesta. Llegué a la isla, respiré hondo, me tumbé boca arriba, miré las nubes, volví respirar otra vez, cerré los ojos y me prometí a mí misma dejar atrás todas esas cosas apuntadas en la lista que guardaba en el bolsillo trasero de mi vaquero favorito (4 all mankind). Todas no las he dejado atrás, eso es imposible, completamente imposible, si no Marta no sería Marta, y si dejo de ser yo, entonces sí que tendría un serio problema, pero vamos a dejarlo en muchas de ellas ... allí se han quedado, entre las algas que ahuyentan a los turistas de Son Saura (creo que finalmente el organismo pertinente ha decidido retirarlas de allí en contra de las recomendaciones de los poderosos ecologistas, así que ¡fuera con las algas y con mis gilipolleces! y las que no lo son tanto).

En la isla he pensado poco y he sentido mucho. En la isla he cumplido con la labor que tenía, he ayudado a quien me necesitaba, y ahora hay alguien que se siente mejor (en parte gracias a mí). En la isla he descansado. En la isla me he dejado llevar por el viento. En la isla he vivido el momento. Allí me he encontrado bien.

Lo sé, lo sé. El sitio no es importante, el sitio es lo de menos, el sitio no hace que los problemas desaparezcan, ni que se solucionen por arte de magia. Somos lo que somos independientemente del sitio en el que nos encontremos. Lo sé.
Pero ...
Me da igual, yo allí consigo estar mejor, no sé por qué, por lo que sea, da igual. Y eso es lo importante. Sé que es una especie de huída, pero no me importa huír. Lo único que quiero es encontrarme mejor, y si para eso tengo que huír, pues huyo y ya está.

He vuelto contenta, animada y con fuerzas. Sé que pronto volveré. Hay cosas que me esperan aquí que son muy buenas y que me apetece vivirlas y disfrutarlas. Los escollos trataré de evitarlos como pueda. Las dificultades trataré de afrontarlas como pueda. Mis momentos bajos los superaré (como mejor pueda).

Ahora seguiré con mis papeleos varios, arreglaré mis asuntos, pondré en orden mis cosas. Mi futuro próximo es incierto, lo veo borroso, pero no voy a pensar mucho en ello. Cuando acabe con todo esto me iré al norte (aunque no sé si debería de comprar un billete para el sur) y allí pasaré un tiempo, entre el sol y la lluvia, con las olas, con mi familia, con mis amigos, contigo también.

martes, 16 de junio de 2009

Los dibujos de Diego


Hoy he estado en la consulta de Diego. Ver a Diego me reconforta. Recordatorio : Diego = Dios. Diego me sonríe mucho. Diego me anima. Diego me explica todo lo que me pasa con mucha claridad. Diego no me oculta nada. ¡Y Diego me hace dibujos! Dibuja mis venas, coloca mi trombo, dibuja la cavernomatosis portal, y yo lo veo todo claro, y cuando visualizo mi interior lo entiendo todo mejor y cuando lo entiendo todo mejor, me siento mejor. Todo es muy raro, pero gracias a los dibujos de Diego lo entiendo.



Estos dibujos explican que no se visualiza en mi interior la vena porta extrahepática, que está sustituída por múltiples estructuras tubulares anecoicas con flujo turblento en su interior.
Además indican que las ramas portales intrahepáticas presentan un flujo hepatópeto con onda fásica (entre otras cosas). Sí, todo eso me pasa a mí. Y todo eso (entre otras cosas) me provoca un cansancio especial, diferente, como no podía ser de otra manera, porque todo lo que me pasa últimamente es especial, es diferente. Por eso, he llegado a la conclusión de que soy especial, soy diferente.
Mi cansancio de estos días no se aliva descansando. Tengo la sensación de que una fuerza extraña tira de mí desde las profundidades mientras una mano se apoya en mi cabeza haciendo fuerza hacia abajo. Queda explicado así como siento mi cansancio.

Cuando llegue al mar, me sumergeré en las cristalinas aguas de Macarella o de Son Saura o de Es Talaier, dejaré que mi mente vuele mientras mi cuerpo flota y entonces, quizá, consiga descansar. Mientras tanto voy de acá para allá, de médico en médico, tirando porque me toca (siempre caigo en la misma casilla). Mientras tanto, mantengo conversaciones con funcionarios del INSS, organismo que se ha empeñado en que yo no existo tal y como existo, porque soy especial, y diferente, y no encajo bien en los artículos y apartados de la nueva ley que rige el destino de los temporalmente incapacitados para ganarse el pan en este país. En mi empresa me han dicho que me sumerja tranquilamente en las aguas de Macarella, o de Son Saura, o de Es Talaier, que no es mi problema, que yo, aunque no lo parezca, soy normal, que los que no son normales son ellos, que no se enteran de nada, y menos de la aplicación de las nuevas leyes, así que yo me dispongo a flotar, a nadar, a navegar, a tirarme de cabeza, a dejarme llevar por la corriente o a lo que se tercie.
Y mientras tanto lleno maletas con todo lo necesario y algunas cosas no necesarias. Y mientras tanto llevo a mi hija al dentista. Y mientras tanto compro las cosas de última hora. Y mientras tanto intento descansar a ratos. Y mientras tanto intento entender mi nuevo teléfono móvil, que es mucho más listo que yo, pero al que acabaré dominando.

Soy especial, soy diferente. Me gusta ser especial y diferente. Aunque más de una vez, y de dos, he deseado ser como todo el mundo. Pero como dice mi buen amigo César, es demasiado tarde para eso.

No sólo yo

Las cosas pasan porque tienen que pasar. Voy, lo suelto, y me quedo tan ancha. En ese momento no se me ocurrió otra cosa que decir ... pero después sí. Después le dije que estuviera tranquilo, que le quería, y que le iba a ayudar. Y me sentí mejor, porque yo no sé decir "te quiero" de verdad, de verdad de la buena, de verdad de la de daría-mi-vida-por-tí. Y cuando lo dije, me sentí mejor. Y me dí cuenta de que todos los problemas no giran en torno a mí, que mientras yo me paso el tiempo entre médicos y hospitales la gente sigue viviendo y enfrentándose a sus problemas, que a la gente le pasan cosas, y algunas mucho más horribles que las mías. Y ahora me voy a olvidar un poco de mí, y esta vez sí voy a intentar hacer realmente felices a los que me rodean. Ahora hay alguien que me necesita. Ahora concentraré mis energías en que se sienta mejor. Las cosas pasan porque tienen que pasar ...

jueves, 11 de junio de 2009

Llega el verano


Es tiempo de preparar las maletas. No ha llegado el verano pero nosotros ya nos vamos. No esperamos a que acabe el colegio, a estas alturas ya hemos asistido a casi todas las representaciones de teatro musical, conciertos de guitarra, competiciones de baloncesto, y actos de fin de curso variados. La entrega de notas nos la ahorramos, hace mucho calor, las notas son buenas, mis hijos ya han aprendido todo lo que tenían que aprender. Es hora de hacer las maletas. Nos vamos.

Cargaremos el coche hasta límites casi imposibles. Cinco personas, tres bicicletas, mil trastos, maletas de todos los tamaños, bolsas de todos los colores, dos cajas de vino cosecha de mi padre con destino a la bodega de mi hermano, el perro no viene, Bambú viajará en un camión de MRW con destino a Santander.
Viajaremos hasta Barcelona escuchando buena música y cuando lleguemos a la ciudad condal embarcaremos en un buque de Transmediterránea en el que dormiremos toda la noche para llegar al puerto de Maó a primera hora de la mañana. Tras cruzar la isla llegaremos al paseo marítimo de Ciutadella, concretamente a Sa Calma, dónde descargaremos todos nuestros trastos, donde nos encontraremos con Rubén y donde nos quedaremos contemplando el mar y pensaremos bieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen, ya estamos aquí.

Comienzan los días de calma, de mar, de playa, de piscina, de paseos en bici, de disfrutar de Ciutadella, llega Sant Joan (la única fiesta popular que soporto, y hasta me gusta), son días de caballos, de diversión, de gin amb limonada, llegan los días de barco, de calas, de cenas, de bocatas de sobrasada con queso, de desayunos con ensaimadas de todos los tamaños, de puestas de sol, de faros, de terrazas, de caras amigas, llegan los días de piel morena, de sonrisas, los días de salitre, llegan esos días que tanto nos gustan, que tanto me gustan, esa luz mediterránea tan brillante, ese aire tan puro ... ya falta poco

Mientras estos días visito a los médicos y preparo mis cosas, voy a cerrar los ojos y voy a intentar olvidar ...

Amigos

En el camino perdí una amiga. Una amiga con título de amiga, de esas que son amigas porque el tiempo y la vida lo ha dispuesto así, aunque muchas veces no lo sientas como tal. Pero los títulos es lo que tienen, que una vez conseguidos, se enmarcan, se cuelgan y ahí se quedan para siempre.
Pero esta vez no me vale de nada el título, en mi corazón siento que perdí una amiga. Y lo más triste de todo es que me da igual. Y cuando digo que me da igual lo digo sinceramente. La perdí, ya no la quiero y no haré nada por recuperarla. Y aquí no hay cabida para el rencor, ni para la rabia, ni para ningún sentimiento parecido.

Cuando estuve tan mal realmente no necesitaba nada más que a los médicos, a mis padres, a mi hermano, a mi marido y saber que mis hijos estaban bien, también necesitaba las llamadas diarias de Elena y agradecí de todo corazón su viaje relámpago hasta la UCI para estar conmigo. Por entonces no necesitaba más. Eso no quiere decir que no apreciara enormemente las muestras de cariño del resto de mi familia, amigos y compañeros. Sé que en los momentos más difíciles Pepe necesitó a sus amigos llenando las salas de espera de Quirón, sé que le acompañaron y le quisieron, le consolaron, le dieron ánimos y le abrazaron mientras yo luchaba por sobrevivir.

Pero yo estuve mucho tiempo en otra dimensión, yo no necesité nada de eso, al contrario, a mí me molestaba todo lo que no fuera un analgésico en vena o la presencia de mi familia. Fue pasados unos meses cuando empecé a necesitar otras cosas, y fue entonces cuando perdí a mi amiga (la del título). Ha pasado un año y medio desde entonces y no he tenido ni una llamada hasta hace poco. Le dije que resumir un año y medio de avatares en unos minutos me resultaba un poco complicado, las palabras se me convertían en hielo cuando salían de mi boca y el corazón se endurecía con cada latido. Lo más triste es que no siento pena. Lo más triste es que me da igual. Lo más triste es que no tengo ganas de más, ni de recuperar nada ... ni ganas de entenderla.

Sé que hay gente que no soporta los hospitales, ni las enfermedades, ni las desgracias ajenas. Sé que hay gente que sólo está para lo bueno, lo malo es incómodo. Lo respeto.

Ahora miro para delante. Y pienso en mis nuevos amigos. En gente que me ha dado tantas cosas. En la gente que me quiere. Y no voy a escribir nombres, porque ellos sabes quienes son. Gracias por estar ahí.

sábado, 6 de junio de 2009

Me voy

Marta, Marta, Marta, Marta ... no puedo pensar más que en Marta. Marta triste. Marta contenta. Marta animada. Marta de bajón. Marta cabreada. Marta cansada. Marta dolorida. Soy superaburrida.
Mi vida gira alrededor de mí y en un espacio muy limitado. A veces me da la sensación de estar caminando en círculos que cada vez se estrechan más. Y como no cambie la trayectoria me voy a acabar axfisiando.

Quizás antes no me ocupaba lo suficiente de mí. Quizás estaba tan ocupada con las cosas cotidianas que no me daba tiempo. Esas cosas que me parecían una pérdida de tiempo, incluído el trabajo. Porque, no me voy a engañar, siempre pensé que tenía algo más interesante que hacer que mi trabajo, ese que me reporta unos miles de euros a final de mes. Siempre le eché la culpa de casi todo a la falta de tiempo. Si tuviera tiempo ... bufff todas las cosas que haría !.
Ahora tengo tiempo, tiempo y un nivel de despiste importante. No sé por dónde empezar. Ahora pienso demasiado en mí. Casi me muero y eso me hace centrarme en mí misma de una manera excesiva. Tengo la sensación de que me merezco muchas cosas. Y todas esas cosas las quiero.
Sin embargo ...

En primer lugar está mi familia, en concreto mis hijos (me necesitan). Me ocupo de ellos. Les quiero, les cuido, les riño, les sonrío, les voy a buscar al cole, les ayudo, les leo libros, les pongo música, les aconsejo, les visto, les alimento, les peino, les prohibo, les permito, les enseño, les doy espacio ...
Después los demás (me necesitan, pero no tanto). Ellos me disfrutan y me sufren. Yo les intento dar lo mejor de mí. No siempre lo consigo.

Además tengo una obligación. El hospital y los médicos forman parte de mi nueva vida. Yo voy y ellos me sonríen, me pinchan, me meten en máquinas, me recetan, me ajustan niveles de ésto y de lo otro, me aconsejan, me animan, me miran con cara de pato, me cambian de pastillas, me vuelven a pinchar, me citan de nuevo ... y yo sigo yendo y viniendo ... Todo esto me lleva mucho tiempo.

Mi tiempo de ocio son mis libros, mis pelis, mi música y mis series ... ahora sí le puedo dedicar tiempo a todo esto.

Pierdo el tiempo con mis idas y venidas, aparco aquí, voy para alla, me atasco en este carril, me salto este semáforo. ¿Dónde voy mientras tanto? No sé. Depende.

De vez en cuando voy a Santander, o a Menorca, una vez me fuí a Valladolid (en tren).

Y ahora pienso ¿dónde quedaron los tiempos de los aeropuertos, de las prisas, de los viajes, de me-voy-ya-volveré, de los vuelos low cost que parecía que te obligaban a saltar de Londres a Roma pasando por París porque estaban tan tirados que sería una pena no pasar el fin de semana en una capital europea ?. Maletas perdidas, vuelos anulados, hoteles cutres, hoteles maravillosos, moteles, kilómetros y kilómetros de carreteras, turbulencias, jet lags ...

Me voy.
Voy a hacer la maleta.