miércoles, 15 de abril de 2009

Intentando girar

Creo que mi capacidad de contar cosas se ha agotado, creo que voy a tener que dejar esto del blog, creo que ya lo he contado todo, y lo mejor es que no he contado nada de nada, no sé ni lo que quería contar, no sé si tenía algo que contar, no sé nada ...
Me repito, me aburro, quiero escribir sobre esos viajes que no puedo hacer, quiero escribir sobre esas cosas que no puedo o no sé escribir, necesito girar, pero no sé si en la próxima calle o en la siguiente, no me fío del gps éste que me han instalado donde antes tenía un bazo enorme, y como no sé por donde voy, no me atrevo a girar ni a la izquierda ni a la derecha, no vaya a ser que la cague, y siempre me ha dado mucho miedo cagarla. Qué expresión más horrorosa, no? Bueno da igual, dije que no corregiría y no corrijo, para qué?

martes, 31 de marzo de 2009

Pequeños grandes pasos



Han pasado varios días desde la última vez que escribí. Han pasado días y cosas, cosas pequeñas, pero grandes para mí. Ahora mis metas son accesibles, las consigo paso a paso, voy despacio, quien me iba a decir a mí que algun día iría despacio, que haría las cosas despacio ...

En el puente de San José nos fuimos a Santander muy ilusionados, Bruno tenía "megaganas de ir", Catalina "más ganas que Bruno", Pepe necesitaba cambiar el "chip" y yo ... pues yo siempre tengo megaganas de ir a mi casa, visualizo el sofá y a mis padres y me entran las megaganas, algo así como el perro de Paulov, más o menos.
El tiempo nos acompañó, un sol estupendo, un aire limpio, una temperatura muy agradable... y cómo había nieve en Alto Campoo, subimos a esquiar, y como yo estaba muy contenta y animada, y además ¡me encontraba bastante bien!, decidí ponerme las botas y los esquís y ... esquíar, cosa que pensé que no iba a poder volver hacer en mi vida. Quizá fue una imprudencia, quizá no debería haberlo hecho, quizá me debería haber conformado con tomar el sol en la cafetería, ¡quizá!, pero no lo hice, así que los cuatro sincronizamos nuestros niveles y esquiamos todos juntos, por las mismas pistas, y lo pasamos genial, y mereció la pena, porque estabamos todos juntos haciendo algo que nos gusta a todos y disfrutando como los que más.
Me costó, obviamente no estoy en forma, me costó seguirles, hubo momentos en que tuve que bajar el ritmo, sobre todo cuando se emocionaban y empezaban a hacer el burro olvidándose de mí, pero disfruté, disfruté de ver lo bien que lo hacen mis hijos, disfruté del sol, disfruté del aire, respiré hondo y agradecí el poder estar allí.
Cuando acabábamos la jornada mo podía ni quitarme las botas sin ayuda, mi energía estaba bajo mínimos, pero mi satisfacción llegaba a niveles muy altos. Hace un año mis piernas no hubiesen podido dar un solo paso con esas botas, ahora había dado un gran paso adelante ...
Necesito seguir avanzando. Puedo hacerlo.

lunes, 16 de marzo de 2009

Destino : Nueva York

Foto : Alejandra (centro), Betsabé (2ª izq), Marta (1ª izq)


El viernes Daniela cumplía un año. El viernes celebramos lo fuerte que había sido Daniela durante ese año, lo celebramos como símbolo del triunfo sobre las adversidades.


Hace un par de años Alejandra, Betsabé y yo quedamos a comer en un restaurante mexicano de Las Rozas, estábamos muy cansadas pero muy contentas y no paramos de hacer planes durante toda la comida. Nuestro plan más próximo era irnos una semana a Nueva York las tres juntas, el billete no era problema, el alojamiento no era problema, Antonio, Yves y Pepe cuidarían de los niños, sólo teníamos que ponernos de acuerdo en las fechas, sólo teníamos que hacer coincidir una semana que yo no tuviese guardia con una semana en la que nuestras familias pudiesen prescindir de nosotras y ... ya estaba todo arreglado.

Tras pensar en todo lo que íbamos a hacer, todo lo que íbamos a comprar y todo lo que íbamos a disfrutar nos fuimos abuscar a los niños al colegio y seguimos con nuestras tareas y con nuestro cansancio.

No pudimos ir a Nueva York, la vida se encargó de dejarnos claro que la que tiene que dar el visado a los planes es ella. Alejandra y yo compartimos un año de hospitales y sufrimientos. Y superamos con nota la prueba. Betsabé tendrá un bebé dentro de poco. Ahora pensamos en el viaje y nos entra la risa al recordar nuestros frustrados planes.

Pero por lo menos nos podemos reir, porque todo ha salido bien, porque somos unas madres fuertes, porque tenemos unos hijos preciosos y buenísimos, porque el viernes pudimos celebrarlo y disfrutamos haciéndolo ... porque Daniela fue fuerte y consiguió cumplir un año, porque yo no me morí, porque Carlota va a nacer.
Y dentro de un tiempo, cuando la vida nos conceda el visado a las tres, nos iremos a Nueva York, y nos haremos una foto en el River Cafe con el skyline de fondo, y la colgaremos en facebook.
Los niños nos unieron, pero nosotras nos hicimos amigas.

Dedicado a Ismael, Diego, Lola, Clara, Catalina, Bruno, Daniela y Carlota.

domingo, 15 de marzo de 2009

Llovía, llovía, llovía y el sol no salía ... (Dr. Scheuss)

Llovía, llovía, llovía y el sol no salía ...

Durante el viaje en tren tuve mucho tiempo para pensar, pensaba que estaba viviendo una de esas situaciones que muchas veces me había imaginado, volvía a casa para encontrarme con la realidad. Y no podía dejar de pensar en el cementerio de Polanco, dicen que es bonito pero a mí me pone los pelos de punta porque sé que los míos irán a parar allí, porque parte de mis antepasados están allí, porque quizá algún día a mí me lleven allí, no se ... No es la muerte lo que me asusta de los cementerios, es la tristeza, la tristeza y las flores (cómo algo tan bonito como una flor se puede convertir en algo tan horroroso cuando forma parte de una corona o un ramo funerario - me molesta profundamente la falta de gusto de los humanos - reivindico la belleza de la sencillez).
El tren me llevaba a casa (casa = casa de mis padres), el hermano de mi padre había muerto casi sin avisar, cedió su cuerpo al maldito cáncer, no luchó, y se marchó rápido.
Mi padre que es como yo, fuerte y débil a la vez, estaba triste y asustado, la muerte había llegado a su familia muchos años después de que sus padres murieran, cuando él era un niño, algo que marcó su caracter, que le hizo convertirse en el hombre fuerte y débil a la vez que es. Y yo iba en tren hacia el lluvioso norte para estar allí con él, para decirle que su hermano descansaba, que había tenido una buena vida y una buena muerte, que no había sufrido, que era mejor así, porque el cáncer puede hacer sufrir muchísimo a las personas, que lo que le esperaba en esta vida de ahora en adelante no era demasiado bueno, que así evitaría ver sufrir a su nieta, que nadie está preparado para ver sufrir a sus nietos, que ... quería decir otras cosas, pero los tópicos venían a mi mente de manera instantánea.
Ví llorar a mi padre, nunca antes había visto llorar a mi padre, ví su mirada triste, y sólo pude agarrarle fuerte del brazo y apartarle de la gente cuando le notaba excesivamente incómodo. A mi padre, que es como yo, no le gustan las sonrisas forzadas ni las situaciones forzadas (y de eso hay mucho alrededor de la muerte). Y no supe hacer más, yo estoy acostumbrada a que mis padres me consuelen a mí, no a consolar a mis padres, pero en esta vida hay un momento para todo ... y entonces me hice la fuerte, y besé a todo el mundo, y sonreí a gente que me saludaba y yo no recordaba, y ví caras que que hicieron transportarme en el tiempo, y me agobié, pero aguanté el tirón cuando lo único que quería era salir corriendo ...

Y seguía lloviendo ...

Y llovía tanto durante el entierro que mientras yo compartía un paraguas con mi padre, un chorro de agua que caía del paraguas de mi tío me estaba calando hasta los huesos, pero la lluvia hizo que todo fuese rápido, el cura no se quería mojar, los operarios de la funeraria no se querían mojar, así que agradecí a la lluvia la rapidez con la que transcurrió la ceremonia, y cómo llovía tanto salimos rápido del cementerio y nos evitamos las incomodas miniconversaciones y los pésames de la gente ... y poco a poco la concentración de paraguas se fue disolviendo.
En el norte llueve, y ese día llovía mucho ...

Pasé un par de día más con mis padres, junto a la chimenea, con el gato ... y salió el sol. Y con el sol regresé en tren a Madrid. Con el sol y con la sensación de haber hecho algo bueno. Con el sol y con la sensación de ser un poco más adulta.
Y entonces fue cuando deseé que el tren cambiase su destino hacia el País de Nunca Jamás ...

martes, 3 de marzo de 2009

Tarde de domingo

El domingo fui al cine. Hace algunos años esto no hubiese sido noticia para mí, es más, el ir al cine formaba parte de mi rutina, era algo así como tomar un café, ir a trabajar o poner la lavadora. Pero todo cambia en esta vida y ahora ya no voy al cine con frecuencia, del mismo modo en el que ya no voy a trabajar ni pongo lavadoras. Café sí tomo, y más que antes, la cafeína ya no me quita el sueño, ahora son otras cosas las que a veces me impiden dormir, y un café se ha convertido en un compañero de largos desayunos, agradables sobremesas y prolongadas charlas. Antes un café con un bollo (o dos) era el que me ayudaba a mantenerme despierta en el trabajo por las mañanas, y un café con un gelocatil (o dos) era el que me ayudaba a no caer dormida antes de salir de marcha por las noches. Todo ha cambiado en mi vida, hasta el papel que juega el café en ella.

El domingo ví "El curioso caso de Benjamin Button". Y como soy una nostálgica decidí pasar las casi tres horas que dura la película en una de las incómodas butacas del cine Palafox. Cuántas tardes de domingo y de sábado, y de jueves, y de lunes en el cine Palafox viendo un estreno tras otro !. Fue como una vuelta atrás en el tiempo. Me siguen gustando ese tipo de cines, me gusta acceder al cine desde una acera de la calle no desde un enorme aparcamiento subterraneo pintado de diferentes colores para ayudarte a encontrar tu coche cuando decides volver a tu casa, me gustan los acomodadores a punto de jubilarse, tan profesionales ellos, con su linterna, con ese uniforme que parece que van a hacer la primera comunión, me encanta, me gusta hasta ese olor mezcla de ambientador barato con palomitas y algo más que no se puede considerar del todo agradable, pero es al menos característico, me gustan hasta sus anuncios con estilismo años 90 que no han cambiado porque a la Giralda de la calle Harstenbuch o como se escriba (nunca supe ni escribir ni pronunciar con corrección el nombre de esa calle) sigue yendo la misma gente y en la pescaderia de Fernando VI sigue comprando la misma gente.
El domingo nos recibieron a la entrada del cine los acomodadores que han ido envejeciendo al mismo tiempo que mis hijos han nacido y han pasado de la guarderia al colegio, y por un momento me pareció estar viendo a un tío abuelo lejano que hace mucho que no veía y al que saludé con cariño.

El domingo vi "El curioso caso de Bejamin Button" en una butaca no muy cómoda y delante de una pandilla de cuatro amigas que sumarían entre todas casi 350 años. Y cuando las vimos, Pepe y yo nos miramos con cara de circunstancias porque ya sabíamos lo que nos esperaba en los próximos 150 minutos, una continua descripción de escenas, predicción de acontecimientos obvios con varios segundos de retardo y comentarios diversos acompañados de exclamaciones de sorpresa o indignación. Pensamos en cambiarnos de sitio, pero no lo hicimos. El domingo yo estaba de buen humor y ni las señoras parlanchinas consiguieron fastidiarme la película. No sé, me parecieron hasta graciosas en sus comentarios, y muy, muy tiernas. Desde hace mucho tiempo los ancianos me producen ternura, creo que desde que nacieron mis hijos veo a los ancianos de otra manera, me recuerdan a los niños en tantas cosas ... Y me pareció estupendo que esas señoras hubiesen tenido el humor y la fuerza de arreglarse y salir al cine una tarde de domingo, con su bolso de piel y sus ochenta años cada una. Lo que no hubiese aguantado esa tarde hubiese sido a un grupo de adolescente gritones, maleducados, comiendo todo tipo de cosas con envoltorios ruidosos, dando patadas en el respaldo de la butaca, y ofreciendo malas contestaciones cuando les pides educadamente que no hablen o no se muevan. No soporto la mala educación, y desafortunadamente está muy de moda ahora. Madre mía ! parezco una abuela hablando ... no, no, no ... cuando yo era adolescente sería muchas cosas, pero no maleducada ni irrespetuosa con los demás. De repente me he sentido demasiado madura. La vida cambia, el café no es lo mismo y acabo hablando de lo maleducada que es la juventud en estos tiempos que corren !

El domingo disfruté con una buena película. "El curioso caso de Benjamin Button", me pareció una película maravillosa. Cuándo no hemos pensado alguna vez en nacer ancianos y morir bebés, pues David Fincher lo cuenta con mucho acierto en esta película y Brad Pitt lo interpreta con más acierto todavía. Además, es tan guapo, tan guapo a la vez que tan interesante y tan atractivo. Lo bueno de Brad Pitt es que le da profundidad a su belleza, y lo que podía haberse quedado en un guaperas se ha convertido en un hombre espectacular.
La película es de las que dejan poso. Es de las películas que te gusta comentar cuando sales del cine, y por eso ...

El domingo me tomé un café después del cine. Al salir a la calle estaba un poco mareada, en realidad sigo mareada y con dolor de cabeza (pero ahora no me voy a parar a pensar en por qué estoy mareada, porque mi imaginación vuela demasiado deprisa, y mi médico (es míííííío) me ha dicho que me tome mi analgésico favorito y de momento, ya está ). Bueno, pues nos fuimos a tomar un cafe a ... Starbucks ! Y cuando llegamos, el simpatiquísimo camarero de turno con una súpersonrisa en la cara nos preguntó que qué tal estábamos y si nos encontrábamos bien, y por un momento me dieron ganas de contestarle "pues bien gracias, bueno, bien, bien, no, porque en realidad me encuentro un poco mareada y tal pero bueno, estoy contenta porque acabo de ver una película en el cine que me ha gustado mucho y si ahora me pones un frapuchino mocca y un muffin de arándanos pues genial, ahh y un zumo de naranja y mango que me gusta mucho, pero ese me lo voy a beber en mi casa, así que es para llevar y ... tu que tal ? todo bien?", pero al final simplemente le contesté que bien con una amplia sonrisa y le pedí todo lo que quería.

El domingo por la tarde fue un buen domingo por la tarde.

miércoles, 25 de febrero de 2009

El plátano tiene mucho potasio


No me gustan los plátanos, aunque sean de Canarias. Cuando yo era pequeña mi madre, como todas las madres, tenía un objetivo, quería que sus hijos comieran un plátano casi a diario, porque tenía mucho potasio y daba mucha energía, y era muy bueno. Todavía recuerdo la sensación del plátano deshaciéndose en mi mano, mientras el tiempo pasaba leeeento. Cada X minutos daba un pequeño mordisco al nutritivo y amarillo fruto del que no me gustaba ni su sabor ni su textura (por aquel entonces el potasio me importaba más bien poco o nada).

En aquella época tenía un amigo que era muy grande y comía mucho y a veces, si pasaba por allí, le encasquetaba el plátano de la merienda y los dos tan contentos, él porque le encantaban los plátanos y siempre tenía hambre, y yo porque me deshacía de la pegajosa pesadilla amarilla.

Tengo que confesar que a veces, cuando mi madre se despistaba, tiraba parte de plátano, pero muy pocas veces, porque a mí me costaba mucho desobedecer en ese tipo de cosas, y además estaba toda la historia esa de los pobres niños de Africa que no tienen qué comer que hacía mucha mella en mi conciencia, y tirar un plátano, pues como que no, pero a veces cuando ya mi boca no se abría de ninguna manera y me empezaban a dar arcadas, pues no me quedaba más remedio que tirarlo, qué le vamos a hacer.

Lo que hoy no me puedo explicar es de dónde me sale esa fuerza con la que me empeño en que mis hijos coman un plátano (de vez en cuando) aunque ellos se nieguen a hacerlo. A veces les veo morder el plátano sin ganas y me pregunto por qué lo hago. No lo sé, sinceramente no lo sé. Debe de ser cosa de madre, o algo que llevamos las mujeres de mi familia en los genes ... no lo sé.
Quizá el anunció de Mowglie y Baloo cantando "elplatanoquebuenoquesta" me marcó demasiado (es que estos publicitarios a veces no saben el daño que pueden llegar a hacer) ... no lo sé. El caso es que mis hijos comen plátanos para que yo me sienta bien. A veces les pongo un pañuelo en el cuello cuando a mí me duele la garganta, pero esa es otra historia ...


Y al igual que el plátano era muy bueno y había que comer muchos plátanos, había cosas que no eran tan buenas y mi madre nos tenía prohibidas. Hablo de bonys, tigretones, panteras rosas y pastelitos tipo bimbo en general, polos y flash golosinas, peta zetas (se contaban todo tipo de leyendas urbanas sobre los peta zetas) ... y muchas más cosas que mi madre llamaba porquerías. Y si mi madre decía que prohibido, pues prohibido, que le vamos a hacer. Nos podíamos estar muriendo de ganas de comer un flash y además tener cincuenta pesetas en el bolsillo que nos quedábamos con las ganas, porque éramos súperobedientes. A veces pecábamos, y después nos remordía la conciencia y nos dolía el estómago.
Ni a mi hermano ni a mí se nos olvidará el día en el que nos crecimos, nos pusimos chulos y nos fuimos a la tienda a comprar un bony para mí y un tigretón para él y a la tendera (de nombre Maria Jesús) le faltó tiempo para chivarse a mi madre en cuanto apareció por su establecimiento. Que pillada.


Mi madre en vez de polos y flashes nos compraba helados de mantecado, fresa y chocolate, con cucuruchos y barquillos, en vez de bonys y tigretones nos compraba pasteles de pastelería, en vez de peta zetas, pica-picas y chicles negros nos daba sugus de suchard ... pero nosotros seguíamos prefiriendo lo prohibido. Y a veces mi madre, que es muy buena, hacía como que no se enteraba de que nosotros, que éramos muy obedientes, nos las ingeniábamos para comer el fruto prohibido (que no era precisamente el plátano).

martes, 24 de febrero de 2009

En pausa

Pasan los días y no pasa nada. Quizá en otros tiempos eso me hubiese puesto nerviosa. Esos eran otros tiempos, cuando necesitaba vivir deprisa, cuando iba y venía, venía e iba y entre ir y venir hacía de todo y la vida pasaba, y pasaban cosas. Ahora no, ahora me recupero, poco a poco, mis hijos crecen, poco a poco, mis padres se hacen mayores, poco a poco, las estaciones pasan, poco a poco, y ya ... no pasa nada. Y eso es estupendo, ahora no quiero que pase nada, para recibir sustos, sobresaltos y sorpresas no deseadas, prefiero que no pase nada.
Cuando me recupere del todo, cuando salga de la cueva, cuando se me borren las cicatrices ... seguramente estaré dispuesta y preparada para afrontar las cosas buenas y malas de la vida. Entonces no me quedará más remedio. Ahora estoy en pausa. Y que conste, no estoy dispuesta a nada, ni preparada para nada.

A veces no hago nada, me siento y no hago nada, ni pensar. Y ya no tengo la sensación de estar perdiendo el tiempo. Ya no quiero llegar a ningún sitio. Antes sí, siempre estaba en el camino (como mi amigo Jack), pero cómo no sabía a dónde iba, no llegaba nunca, y en el camino gasté mucha energía, y lo pasé bien, y no tan bien. Mientras caminaba me pasaron las mejores cosas de mi vida. Ahora que no voy a ningún sitio, ahora quizá agún día llegue a algún lugar.

A veces pienso, imagino, sueño, fantaseo, recuerdo, planeo, invento ... (hay cosas que nunca cambian).

A veces vivo en el mundo real y otras veces vivo en mi mundo.

Estoy en pausa. El tiempo pulsará la tecla "PLAY". No tengo prisa.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Pepesoto



Hoy siento la necesidad de hablar de Pepe. Y es extraño porque a mí me cuesta mucho hablar/escribir de las personas a quienes realmente quiero. No me sale. Es tanto lo que significan que me parece imposible el simple hecho de intentarlo. Tiro la toalla antes de empezar. No me creo capaz. Yo, que puedo llenar folios contando por qué me gustan los Starbucks y que se me va la cabeza cuando escribo sobre mi casa en el mar con una bici a la puerta ..., soy incapaz de escribir sobre mis sentimientos más profundos.


Y sólo van a ser unas cuantas palabras, pero necesito contarlo, necesito contar todo lo que quiero a Pepe y agradecer a las fuerzas del universo el hecho de que nos haya hecho coincidir en esta vida (por decirlo de alguna manera ...). Pepe es bueno hasta el infinito y más allá, tiene un corazón que casi no le cabe en el pecho, cuesta encontrale un defecto (por mucho que lo intentes), es un padre excepcional (vale, le encontré el defecto : quizá sea un poco blando con los niños), siempre está al pié del cañón haciéndome la vida fácil (menos mal), tiene solución para casi todo, sonríe mucho, no desespera, su principal objetivo es que yo sea feliz, tiene una paciencia infinita, es un compañero de viajes perfecto, es listo e inteligente, todo el mundo quiere a Pepe, es optimista, nunca está cansado, siempre está dispuesto, es fuerte, nunca se queja, tiene mucha seguridad en sí mismo y cuando no la tiene la aparenta, es ingenioso, culto, decidido, amable, se lleva bien con la gente ... podría seguir un buen rato escribiendo cosas buenas de Pepe y eso es un lujo. Vivo con un hombre genial. Tengo mucha suerte.


Desde que le conozco Pepe siempre ha estado junto a mí, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza, en la risa y en el llanto ... y espero que sea así por mucho tiempo. Espero hacerme vieja junto a él en una casa cerca del mar.

(Ayer, después de recogerle de su clase de baloncesto, llevó a Bruno a hacerse unas fotos de carnet. Le había llevado un batido de chocolate para saciar ese hambre tan tremendo que Bruno dice tener después de la clase "deverdadteloprometomamaquememuerodehambre". Una vez en la tienda el fotógrafo coloca a Bruno mientras Pepe le mira y le dice que sonría.
Bruno llega a casa todo orgulloso y me muestra las fotos ... no me lo puedo creer, son unas fotografías de mi hijo Bruno con bigote, con bigote de chocolate ! Y el fotógrafo y Pepe tan contentos !)

martes, 17 de febrero de 2009

La luz de la mañana

Tengo una nueva costumbre : leer los periódicos con un día de retraso. Por las mañanas, después de llevar a Bruno y a Catalina a la parada de ruta, desayuno tranquilamente mientras leo la prensa del día anterior y los suplementos dominicales de la última semana. He descubierto que me gusta leer la prensa atrasada, a esas alturas hay noticias que han caducado y no me molesto en leer, hay noticias de las que ya me he enterado y tampoco me molesto en leer ... entonces me centro en lo que me apetece y leo lo que me apetece mientras el café se va enfriando y hasta que se queda totalmente helado. Cuando trabajaba "leía" todos los periódicos a velocidad de vértigo y ahora sólo leo uno y despacito. Es casi mi única conexión con las noticias, porque ya no veo la televisión, ni siquiera la pongo, no me apetece, me aburre y no me interesa. La verdad, ahora que me paro a pensarlo, estoy un poco desconectada del mundo de la información, bueno algo más que un poco, muy desconectada ... no importa, ya me conectaré otra vez cuando no me quede más remedio, total es cuestión de hacer un click, y ya está.

El desayuno es la comida que más me gusta del día, un desayuno con tiempo es una maravilla, me gusta el café, me gusta el zumo, me gustan las tostadas con todo, me gustan los cereales, me gustan los bollos, me gustan las galletas ... y he vuelto a descubrir lo buenas que están las tostadas con mantequilla de la de verdad, no con margarina y otro tipo de cremas para untar con omega-3, isoflavonas y yo que sé que rollos nutricionales modernos, digo las tostadas con mantequilla de la de toda la vida, sal incluída, y con mermelada de arándanos, que buenas ! Después, una dosis de pastillas mañaneras y podría sobrevivir hasta el desayuno del día siguiente ...

Me gustan las mañanas y la luz de la mañana ...

sábado, 14 de febrero de 2009

Lo va a dejar ...


Ayer tenía muchas cosas que hacer, hay días que tengo muchas cosas que hacer. Me levanté pronto y con una sonrisa, fuí a llevar a mis hijos a la ruta (sonriendo), hice una cola en un organismo oficial (sin sonreir, pero con paciencia), desayuné con Pepe en una cafetería llena de humo (fuí tolerante), me fui a la Asociación de la Prensa a ver a uno de mis múltiples y maravillosos médicos (y sonreí mucho), quedé con Dudu y con Pepe en un Starbucks (no voy a decir para qué, pero nos reímos un buen rato), comí con Pepe una exquisita hamburguesa en Alfredo's Barbacoa (hamburguesa + sonrisa), paseé por el Retiro, tomé el sol (sol!) en un banco, miré al cielo (azul !), fuí de compras a la calle Fuencarral (gasté pocos €), y después volví a casa (de cabeza al sofá), cogí fuerzas (bufffffff), me cambié y me fuí con Pepe a una fiesta a casa de Diego y Blanca donde me encontré con ... tanta gente, donde hablé con ... tanta gente, donde bebí ... tantas coca-colas, donde sonreí ... tanto.


Ayer desayuné en una cafetería dónde todo el mundo menos yo fumaba. Lo hice por Pepe (todo un detalle), pero no puedo, no puedo convivir con el humo. Pepe va a dejar de fumar. Algún día de estos lo dejará...